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Guatemala, la crisis es de Estado
Por Carlos Figueroa Ibarra - Guatemala, 8 de septiembre de 2017

En el momento de escribir estas líneas leo la noticia de que el Congreso de Guatemala integró una Comisión Pesquisidora que analizará el antejuicio contra el presidente Jimmy Morales. Cuando me entero del acontecimiento, no puedo dejar de evocar los acontecimientos en 2015 cuando estalló el escándalo de corrupción que llevaría a la destitución y encarcelamiento del gobierno de Otto Pérez Molina. La decisión de Morales de pedir la expulsión del Comisionado de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), no solamente no evitó el que el proceso que podría llevarlo a la cárcel se detuviera, sino evidenció su aislamiento y lo debilitó políticamente. Y en medio de la crisis gubernamental, el 4 de septiembre entró en vigor la renovación del mandato de la CICIG por dos años más que el Presidente había solicitado meses atrás.

Recordemos. Morales llegó a ser Presidente de una manera totalmente imprevista. Antes de que en abril de 20015 estallara el escándalo que destruyó al gobierno de Pérez Molina, el antaño cómico era una figura menor, por no decir marginal en la vida política nacional. Fue el sentimiento de repulsión hacia la clase política de la ciudadanía guatemalteca lo que lo llevó a ganar las elecciones. Fue exitosa la imagen que vendió de que no era político, que no era corrupto ni tampoco ladrón. Era evidente que lo primero era mentira pues venía haciendo política desde años atrás. Hoy lo de corrupto y ladrón se está poniendo en duda en tanto que las investigaciones de la CICIG lo han colocado en las puerta de un antejuicio.

La crisis en la cual está sumido ahora el gobierno de Jimmy Morales, no es solamente una crisis gubernamental. El que el expresidente Alfonso Portillo haya sido encarcelado, extraditado y haya permanecido en cautiverio cinco años, y que una situación similar la esté viviendo el expresidente Pérez Molina, se une ahora a la precaria situación del Presidente actual de Guatemala. Y todo ello evidencia que la crisis política que se vive en Guatemala no es la crisis de un gobierno. Lo que hoy se vive en Guatemala es una crisis de Estado, que evidencia que la transición de las dictaduras militares a los gobiernos civiles está marcada por una corrupción sin límites que pone en duda la viabilidad de lo público en el país.

Al igual que México, en Guatemala se necesita una refundación del Estado. A diferencia de México, en Guatemala al parecer todavía no nace una fuerza política renovadora que lleve con éxito a buen puerto tal refundación. Harto de los políticos y de las políticas, el pueblo de Guatemala le apostó en 2015 a la antipolítica. Si Jimmy Morales cae, ese pueblo habrá quemado el cartucho de la opción ciudadana que en realidad fue un espejismo en el caso del hoy agobiado Presidente de Guatemala. ¿Qué seguirá entonces? ¿Otro espejismo con un rostro y membrete nuevo? La crisis de Estado es obvia, como la inexistencia de la fuerza política que la tendría que resolver.

Fuente: www.lahora.com.gt


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