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Lágrimas de intelectual
Por Claudia Gonzalez Aja - Barcelona, Catalunya, 16 de mayo de 2007
claudarc@gmail.com

“¡Di tu palabra y hazte pedazos!”
F. Nietzsche

Excelentes formaciones académicas y/o vitales, escritos buenos y otros no tanto. Come-libros, críticos de tal y cual teoría, formuladores(as) de nuevas. Saben de filosofía, ciencias, literatura, arte, psicoanálisis. Si que saben, aunque no todo, poseen herramientas intelectuales que les permiten mucho. Hasta aquí excelente.

Siguiente paso: cafés , despachos, casas compartiendo tragos y cigarros. El hecho: criticar y componer Guatemala. Dan ideas extraordinarias, “se pican” y quieren seguir investigando, leyendo, pero bajan el trago, apagan el cirgarro, terminan su café y como dice el dicho, “calabaza, calabaza”.

Este es el caso de muchos intelectuales guatemaltecos. Los que decidieron irse, observan de lejos.

Muchos lloran por el país, por lo que fue. Pocos hacen. Están cómodos en sus puestos de escritorio. Mentes brillantes divagan por las Universidades, por las calles, los cafés. Voces que no son escuchadas y pocas veces se pronuncian. ¿Por qué la ausencia de su eco? ¿por qué tan pocos intelectuales hablan, dicen su palabra y se comprometen? Critican, lloran y sus lágrimas son infertiles.

Decía Blanchot que “el intelectual no es un puro teórico, está entre la teoría y la práctica. Hace públicas declaraciones, discute y se agita cuando, en algunos casos concretos, le parece que la justicia está siendo puesta en entredicho o amenazada por instancias superiores.” [1]Así, el intelectual, solo se convierte en tal a posteriori.

Entre los guatemaltecos hay potencial, el que perdemos de vista porque, entre otros, estamos con la mirada fija en el Otro que nos apantalla y trata de anularnos como sujetos. Hipnotiza su mirada y quedamos con la certeza de que todo está escrito. Conformismo, miedo, desgana.... ensordecedores de las voces petrificadas que solo repiten, que no hablan. Tanta habladuría sobre transformar, tanta sobre lo mal que está Guatemala, de cómo debería ser y no ser.

Guatemala puede escribirse una agnición para bien, provocada por quienes se pronuncian y se comprometen con la causa. Probablemente al hablar (para decir algo, no por hablar o incurrir en tautologías), el efecto en el sujeto sea irrevocable. “¡Di tu palabra y hazte pedazos!” [2] escribió Nietzsche, lo que se podría considerar como la barra, la marca, lo que divide. El sujeto barrado, aquél en el que el lenguaje marca la falta (Lacan), no es ignoto.

Lo que detiene al intelectual guatemlateco de pronunciarse y comprometerse ¿es el sistema? ¿el Estado? ¿el miedo? ¿qué miedo? Queda preguntar si hay sujeto y si hay intelectual.


[1] Blanchot, M. (2003). Los intelectuales en cuestión. Esbozo de una reflexión. Ed. Tecnos, Madrid.

[2] Nietzsche, F. (2003). Así habló Zaratustra. Alianza Editorial, Madrid.

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