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La mara-bruma
Por Claudia Gonzalez Aja - Barcelona, Catalunya, 28 de mayo de 2007
claudarc@gmail.com

“Lo que hay pues no son cosas idénticas a sí mismas, que se ofrecen ulteriormente al vidente y tampoco es un vidente, vacío al principio, quién después se abre a ellas, sino algo a lo que solo podemos acercanrnos palpándolo, con la mirada, cosas que no podemos aspirar a ver desnudas porque la mirada misma las envuelve, las viste con su carne.”
M. Merleau-Ponty

El problema de las maras es de los más actuales y de los que más preocupa a los guatemaltecos. Hemos sido testigos del crecimiento de ellas y de algunas de sus acciones. Nos hemos quedado ahí, en ser testigos y quizá discutirlo.

El recién pasado 24 y 25 de mayo asistí al seminario “Maras y pandillas juveniles: dos mundos diferentes”, llevado acabo en Barcelona por la Fundación CIDOB (Centre d’Informació i Documentació Internacionals a Barcelona). En este seminario se abordó el tema de las maras en Centro América y de las pandillas que han surgido en los últimos años en España.

Debo decir que hubieron enfoques buenos, uno de los exponentes argumentaba sobre la necesidad de acabar con el silogismo europeo: inmigante, pobreza, delincuente. Para abordar el tema de las maras, me parece perentorio desestigmatizar, desestereotipar a los sujetos pertenecientes a las maras y a lo que este fenómeno social comporta para nosotros guatemaltecos, centro américanos, americanos (entiendase quienes viven en América el continente, y no la idea delirante de los gringos al llamar América sólo a los Estados Unidos).

En el seminario, se abrodó el tema sobre la solución por la que han optado los países centroaméricanos, la de la mano dura y el fracaso de la misma. Es obvia y lógica la razón por la que la mano dura fracasa: lo prohibido hace que el sujeto incurra más en la prohibición.

No pretendamos soluciones superficiales. Es necesario que al tratar de aportar soluciones, seamos conscientes que no se trata solamente de lo que vemos, sino de lo que subyace a esto, lo que miramos. Es un problema de raíz, no de apariencia. No se trata entonces de podar la superficie pues seguramente renacerá, sino de abordar el problema de las maras desde distintas áreas del saber: la antropología, la política, el psicoanálisis, la psicología, el derecho, etc de una manera profunda, no superficial, comprometida.

Con todo, también se hace necesario subrayar el relevante papel que tienen los medios de comunicación en este asunto. Es lo que ellos muestran, lo que la población comprará, lo que creerá y en base a lo cual criticará. De ahí, la necesidad de un periodismo sin amarillismo, responsible, objetivo.

Vemos cómo se ha tratado de relacionar la violencia juvenil con la violencia política. Por mi parte creo que después de 36 años de conflicto armado interno, de la tierra arrazada, genocidios, desapariciones, migraciones, etc. casi cuantro décadas de las que no podemos prescindir para contar el presente. Pero no se trata solamente del conflicto armado interno, no de echarle la culpa a esa situación pasada y lavarnos las manos. Probablemente la situación actual estuvo gestándose hace mucho, con otros factores además de la guerra.

A esto debemos sumarle la subjetividad implicada en el surgimiento de las maras. El uno por uno que se enuentra allí. Es decir, que existen también situaciones individuales, de cada sujeto, síntomas de cada cual que los han llevado a conformarse en estos grupos y sus conocidas particularidades.

Cabe plantear la pregunta sobre las identificaciones en las masas. Estas están fundadas en la falta de identidad, son grupos a los que se les proponen o lanzan significantes, y el movimiento de estas masas tiene que ver con “la prisa de la constitución de todos y cada uno de los sujetos que integran la masa via la identificación a lo mismo.” [1]

Me parece, que cuando las mayorías ven el fenómeno de las maras, no miran. Que una bruma se interpone entre el fenómeno y el sujeto que ve (quizá intentando mirar). Muchos se han limitado a la visión simplista, es decir, a la simple descripción de lo que ven, perdiéndose de lo invisible. Se quedan en el significante y borran el significado, todos los que puedan existir. En otros casos, la mano dura, o aquéllos profesionales que se limitan a prescribir modificaciones en modos de conducta y pensamientos para provocar el cambio de comportamiento y así la erradicación del problema. Nada más alejado de la realidad que este intento de “repello” como lo hace la psicología cognitiva y/o conductista, por ejemplo. Nada más alejado de un cambio permanente que estar entre la bruma, con ideas preconcebidas y paradigmas infalibles.


[1] Naranjo, J. (2006). La “psicología de las masas” a la luz del siglo XXI. Freudiana 46. Ediciones Paidós: Barcelona.

 

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