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Empapados, desterrados
Por Claudia Gonzalez Aja - Barcelona, Catalunya, 25 de junio de 2007
claudarc@gmail.com

“Y tú, desterrado:

Estar de paso, siempre de paso,
tener la tierra como posada,
contemplar cielos que no son nuestros,
vivir con gente que no es la nuestra,
cantar canciones que no son nuestras, …”

-Miguel Angel Asturias-

Mojados*, desterrados. Empapados. Mojados de silencios y frustraciones. Mojados de ilusiones y decepciones, de fantasmas atravezando toda su historia. Traspasar fronteras físicas cuando se migra, fronteras metafísicas con la experiencia de estar en ese “nuevo lugar”. Se da, con esto, un cambio de posición subjetiva, así, la mirada y el Otro son otros.

La palabra emigrar, tomada del latín emigrare que quiere decir “mudar de casa”, “expatriarse” y derivada de migrare que hace referencia a “cambiar de estancia, partir”, también se relaciona con la palabra inmigrar, que viene del latín immigrare “penetrar, introducirse” [1]. Ambas palabras conforman temas de actualidad, muchos las llaman de “urgencia pública”. No está de más recordar que muchos países en el mundo poseen un fuerte porcentaje de inmigrantes, cuidades que se vuelven internacionales, híbridas, una suerte de torre de Babel.

En Guatemala, los chapines migran dentro del mismo país, con su multiplicidad de étnias, de lenguas. Buscando mejores oportunidades, mejores ingresos, mejor vida. Otros migran más allá de las fronteras chapinas. Estados Unidos, el destino favorito. Unos viajan con la fantasía del “sueño americano”, otros con la de proveer a la familia, a través de remesas, lo que no han podido proveerles en Guatemala, hay quienes parten con la irracionalidad de que “allá” se olvida el pasado, se empieza de cero en la historia propia. Infinitas y particulares son las razones para migrar, para darse el nombre de inmigrante.

Pero ¿qué conlleva la migración para aquél que, llegado al “otro lado”, es llamado inmigrante, mojado, sudaca** la gran mayoría de veces en sentido peyorativo?

En principio, para aquél que migra todo se modifica. Hay una serie de pérdidas que deberían, en el mejor de los casos, ser elaboradas posteriormente. Con la pérdida viene el duelo. En 1915, Sigmund Freud definió el duelo como “una reacción normal frente a la pérdida de una persona amada o una abstracción que haga sus veces, es decir, que tenga un valor para el sujeto, como la patria, la libertad o un ideal”. [2]
Nos enfrentamos entonces no sólo con la arista económica, social o cultural de la migración/inmigración, sino también con la emocional o libidinal, ésta última, fundamental para el “manejo” de las otras.

Así, me parece fundamental que tanto los países de procedencia como los de acogida se preguntasen sobre los cambios (pérdidas y ganancias en tanto las experiencias emocionales, subjetivas) que se presentan con estos fenómenos, para hacerles frente y darles un lugar. Primordialmente, el migrante/inmigrante se lo debería preguntar a sí mismo, para con esto, también hacerse un lugar en el nuevo Otro social.

Subyace aquí una pregunta escencial: ¿Qué hace fundamentalmente que el sujeto deje su lugar de orígen y decida ir a vivir a otro sitio?

Son vastas y particulares las elaboraciones y características del proceso migratorio. Ambas sociedades (la de partida y la de acogida) se ven afectadas, se producen efectos bilaterarles. “Esta necesidad de elaboración respecto a la migración no afecta sólo a la persona que migra o a la sociedad de orígen que experimenta su pérdida y que, en el caso de la migración de los jóvenes, puede significar quedarse sin la generación de reemplazo. También afecta a la sociedad de acogida, que ha de hacer frente no sólo a los beneficios que proporciona la migración sino también a ciertos cambios y, por tanto, a algunas péridas. ” [3]

Hay elementos inamovibles, a pesar de lo que muchos creen, en el proceso de migración/inmigración, y es que lo que yace dentro del sujeto no cambia. Su pasado, sus formas, su inconsciente, son los mismos. Si, ya decía Horacio Flaco en sus odas que “los que cruzan los mares cambian de cielo pero no de alma.”


* Término con el que se designa a los migrantes que pasan la frontera de México a Estados Unidos, en condición de ilegal.

** Término despectivo con el que en España se designa a los inmigrantes sudamericanos (se considera Sudamérica de México hasta la patagonia, según entrevistas realizadas).

[1]Corominas, J. (2006). Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana. 13a reimpresión. Gredos: Madrid.

[2] Freud, S. (1983). Duelo y melancolía. Obras Completas. Amorrortu: Buenos Aires.

[3]Alvarez, M. (2007). Una nueva vida, sobre las expectativas y el duelo en el proceso migratorio. Freudiana 49. Barcelona.

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