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Inscribir el pasado: “La escritura o la vida”
Por Claudia Gonzalez Aja - Guatemala, 3 de agosto de 2007
claudarc@gmail.com

“…dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.

No es un decir:
es un hacer.
Es un hacer
que es un decir.”

A principios de junio finalicé de leer el libro de Jorge Semprún “La escritura o la vida”. Me dejó varias reflexiones, emociones y preguntas. Hasta ahora puedo sentarme y escribir algunas de ellas.

Este libro de Semprún, diré lacónicamente, trata sobre la imposibilidad que siente el escritor de escribir sobre su pasado pesado, un pasado que lo angustia fuertemente, sobre las imágenes que vuelven a él de sus vivencias en un campo de concetración en la II GM.

La opción a la que se enfrenta es elegir entre la escritura o la vida. Si escogía escribir, de alguna manera moría. Lo insoportable del dolor del pasado lo invadía y lo mataba. Si escogía la vida, no volvería a escribir más, abandonaría su vocación de escritor. “Había sido suficientemente orgulloso como para pensar que iba a poder manejar esta esquizofrenia concertada. Pero resultaba que escribir, en cierto modo, consistía en negarse a vivir”. [1]

Las reflexiones sobre el libro coincidieron con el diálogo en un bar, con una persona que en Guatemala participó en exhumaciones y recopilación de historias de familiares de “desaparecidos” para el REMHI. Hubo, como era de esperarse, conexión entre significados y significantes, surgieron analogías entre algunos elementos de la historia de este libro y la historia de la post-guerra en Guatemala. Escritura del pasado. Vida. Muerte en vida. Re-vivir recuerdos dolorosos. El retorno de una historia a través de la palabra.

Escribir el REMHI, o escribir cualquier otra historia de un pasado tan doloroso como la de la Shoah, la guerra en Guatemala, en Nicaragua, en España. Historias de cada sujeto inmerso en estas realidades, con la marca de su subjetividad, sin duda retorna algo del orden de lo traumático, que se permite ser inscrito.

Si, sucede que la escritura tiene un algo inefable. Al escribir el escritor trata de salir de sus emociones, como decía Faulkner.

Escribir es crear, es hacer. Guatemala creó el REMHI como manera de decir “Guatemala, nunca más”. Pero sabemos que las palabras pretenden decir más de lo que dicen. Deja mucho para debatir lo que ha pasado en torno a la publicación de este libro. Pero hoy, quiero centrarme en la escritura, como manera de inscripción.

Así, por otra parte, más literaria digamos, tenemos la letra guatemalteca. Escritores que crean con su propia tinta y pluma, historias que dicen. Que traen imágenes de vuelta o hacen presente algo por primera vez, pero desde una pluma chapina. “El informante nativo”, de Ronald Flores, por ejemplo, excelente libro, en donde se narra la historia de alguien que se hace un lugar en un Otro social, traza las líneas y conflictos que se dan entre clases sociales guatemaltecas. Una de las genialidades del libro es precisamente el hacer del protagonista para hacerse un lugar en ese Otro. Lucha incesante que todo sujeto lleva a cabo. Un libro que, a mi parecer, es muestra de la madurez que este escritor ha ido adquiriendo a lo largo de su carrera.

No olvidemos a Margarita Carrera y su “Sumario del recuerdo”, “Con pasión absoluta” de Carol Zardetto en donde narra la historia de un forzado volver a Guatemala, cuando se pretendía olvidar todo, escapar de una realidad inescapable. Javier Payeras, Rodrigo Rey Rosa… en fin, acerquémonos a las letras guatemaltecas para conocer otras perspectivas, otras formas de ver y decir. No las callemos, al leerlas las recreamos, unimos palabras.

La escritura muestra una de las múltiples formas de hacer con lo que se tiene. Cada sujeto tiene su manera, su forma de decir, sea o no sea escritor. Lo vemos bien en el libro de Semprún arriba citado. Lo vemos en los relatos del REMHI. En el arte, en las múltiples formas de hacer con el síntoma, en dónde no se destruye sino se crea.

Así, Semprún en “La escritura o la vida” narra la decisión del olvido que toma, el por qué de ella y su vuelta a decidir de nuevo, ya distinto. Entonces crea, entonces escribe y vive. “Decidí optar por el silencio rumoroso en contra de la vida en contra del lenguaje asesino de la escritura. Lo convertí en la elección radical, no cabía otra forma de proceder. Escogí el olvido, dispuse… todas las etratagemas, la estrategia de la amnesia voluntaria cruelmente sistemática. Me convertí en otro para poder seguir siendo yo mismo”. [2]

De manera similar, Guatemala calla y dice de formas quizá misteriosas o demasiado obvias. Lo que dice, lo que calla, tomémolo a la letra.


[1] Semprún, J. La escritura o la vida. Tusquets Editores (1995). Barcelona

[2] Idem.

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