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¡Qué pasión!
Por Claudia González Aja - Barcelona, Catalunya, 28 de diciembre de 2007
claudarc@gmail.com

“- Pero ¿qué es lo que te da tristeza?
- Ver a la gente tan abandonada (aunque vayan de a dos) enfrentándose a las vidrieras como si contemplaran una camisa, cuando en realidad están usando el cristal como espejo.”
Dialéctica de mocosos
-M. Benedetti-

¿Para qué los refugios, los jardines, los libros, los amigos? ¿Para qué las preguntas sobre nosotros mismos cuando lo único que hace falta es pasar por la farmacia y terminar con la “depresión”?

La comodidad de relegar en el Otro la responsabilidad de nuestros actos está de moda mientras la gente se mira, sin saberlo en los productos y vitrinas de este mundo de la abundancia. Hoy en día, es tan extraña la pregunta sobre las propias identificaciones, que me atrevería a decir que éste es el meollo de muchos de los conflictos y revueltas sociales actuales, de esa mimetización con o sublevación, subversión hacia el Otro contemporáneo.

El tema de las identificaciones me parece relevante en la actualidad. Desde la identificación con el oficio que los padres desean para el niño, al nombre, a la característica, hasta la identificación con un significante de época. Citemos un ejemplo: depresión . Hoy todos estamos deprimidos o lo hemos estado si cumplimos tantos de la “x” cantidad de síntomas de los trastornos del DSM-IV-TR. Nada más que una visión reduccionista y anuladora del sujeto, operación de expolio con este término, entre otros. Así, lo que debería ser algo relativo, se quiere convertir en epidema. Ya no podemos estar tristes, hacer un duelo, sentir nostalgia o llorar, ya no. Si lo hacemos, se nos enchufará el “ser, el estar” de la depresión. Además, el lugar a visitar no serán más los libros o los refugios o los jardines o la escritura o nosotros mismos sino las farmacias.

Reivindico el derecho a estar viva, a estar a veces triste, a veces decepcionada, a veces con el corazón encogido, incluso sin saber por qué. Para esos días no solo están las farmacias y las tiendas.

Entonces, identificaciones sin que aparezca la pregunta… comodidad y tranquilidad de ser tal cual son ellos, ser como los otros. No desear, creer que no falta nada es más fácil.

En Psicología de masas y análisis del yo, Freud plantea que la consistencia de una masa se encuentra en los lazos libidinosos que la entrecruzan; pero algo de la libido freudiana no está contenido en el lazo social.

El caudillaje y el amor tienen como factor común ser fenómenos de “lazo” al Otro y al objeto. Pero en las masas ¿qué consistencia tiene su estructura? “La que Lacan despeja con su estadio del Espejo: la de la oscilación entre algo que aparece cerrado, completo, terminado, y algo que está abierto, incompleto, inacabado – cualquier experiencia especular no muestra la oscilación de la completud a la incompletud, y viceversa, con su cohorte de afectos que van desde el júbilo, cuando la completud queda del lado del que hace la prueba, a la tristeza, cuando esa completud queda en el lugar del otro que funciona como imagen.” [1] Podemos afirmar entonces que las masas se fundan en la falta de identidad, en la proposición de significantes frente a lo cual cada sujeto se constituye identificándose frente a lo mismo. Las masas entonces, no son cuestión de verdad sino de identificación. De esta manera, podemos aproximarnos a pensar las masas o grupos organizados, como por ejemplo las maras, y los organizados sin saberlo, como por ejemplo los clones de chicos y chicas que se pasean por los centros comerciales, vistiendo igual, comiendo igual, repitiendo lo mismo, como reacción a una falta de respuesta social. Hace falta la constitución del sujeto de la demanda como sujeto del deseo. Pensarlo así permite leer que estas constituciones sociales son efecto de la presencia de una falta de la falta. Falta la respuesta civilizadora que constituye al sujeto como deseante, como dividido, sin lugar posible en la alienación necesaria que da lugar a la separación. Así, todo síntoma no reconocido es incorporado inmediatamente al falso ser del sujeto que se afirma en el “no pienso”. Falso ser que traduce un modo de ser en el que el sujeto ignora lo que es para el Otro y que permite al sujeto desentenderse de los pensamientos que pueden cruzarse en su mente , pensamientos que se reducen a algunas representaciones que dan figura al ser inflado de lo imaginario [2]

¿Dónde quedó la subejtividad? ¿Se la habrá llevado consigo la “vida líquida”? Sea por lo arriba descrito, los pensamientos homogenizados de los sujetos actuales y el uso de los cristales de las vitrinas como espejos. La aceptación sin más de lo que el Otro les dicta, creando el espejismo del deseo. Mismos “ideales” o misma “caída de ideales”, misma búsqueda eterna de objetos artificiales que taponen la falta. Epidemia de anorexia mental. No hay pregunta. ¡Qué pasión por la ignorancia!


[1] Naranjo, J. La “psicología de las masas” a la luz del siglo XXI , Freudiana 46, Ediciones Paidós, Barcelona, 2006

[2] Palomera, V. (1998). El Síntoma Charlatán . En du Seuil Ed. Como la ciencia exculpa. (P.298). Barcelona: Ed. Paidós.

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