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Los delincuentes usan ropa
Por Carlos Juárez - Guatemala, 31 de enero de 2020

La asunción al poder del presidente Alejandro Giammattei ha generado, fiel a la costumbre chapina, infinidad de expectativas y esperanzas de un cambio positivo. La dirección del país hace mucho que dista de ser un puesto tranquilo. Las necesidades de la población aumentan diariamente y el Estado se encuentra incapacitado para cumplirlas.

En ese panorama asume el presidente para un periodo de cuatro años, un tiempo relativamente ideal para impulsar cambios dentro de la administración pública y alcanzar el anhelado bien común.

Con un discurso más inteligente que el de su antecesor, pero con la misma tónica del llamado a la obediencia debida, se busca generar en los primeros días de gobierno un espectro de esperanza para las guatemaltecas y los guatemaltecos.

En pocas palabras, se nos está presentando más de lo mismo. No obstante, como todos los anteriores, el presidente Giammattei merece la oportunidad de impulsar las acciones necesarias en favor de la población, las cuales, siempre que se den en el marco de la transparencia, deben respetarse y apoyarse.

Lo que no se vale, sin embargo, es el conjunto de acciones aisladas que se han realizado en materia de seguridad. El estado de prevención decretado en Mixco y San Juan Sacatepéquez es una acción que no posee sostenibilidad, pues únicamente provocó la sensación de seguridad en sus habitantes, sin que, al termino de este, existan mecanismos que generen mayores resultados en el tema.

Con el discurso de la aplicación de la ley a los delincuentes, la misma Policía Nacional Civil -PNC- está incurriendo en serios abusos que pueden terminar causando mayores daños que los que se pretende evitar.

Uno de los casos graves se produjo en esos días, cuando una motocicleta con dos tripulantes fue perseguida por la PNC por ser sospechosos de ser delincuentes. El video fue subido a las redes sociales por la página oficial de la entidad uniformada, y en la descripción del mismo, se indicaba que los motociclistas habían sido perseguidos debido a sus apariencias de «mareros».

Se trataba de dos hombres de mediana edad, con vestimentas informales como pantaloneta, playeras, gorras y tenis -nada de eso supone que hayan sido pandilleros-. La reflexión personal me ubicó a mí en un domingo cualquiera, vistiendo precisamente como lo hacían ellos.

Finalmente, el video terminaba con las imágenes del procedimiento de registro realizado por la PNC, sin que especificaran los hallazgos, los delitos por los que se les procesaría o la posesión de arma de fuego de ninguno. Mi teoría: La PNC descubrió que los «mareros» usan ropa.

A estas alturas, afortunadamente, los ciudadanos conscientes del peligro representado en aquel video reprocharon a las autoridades el mal manejo de la situación, que ni siquiera era una situación, sino un procedimiento de rutina que no requería de la publicación de los rostros de los ciudadanos detenidos. Desde el irrespeto a la imagen de los involucrados, hasta la gran responsabilidad de la PNC por etiquetar de «mareros» a ambos jóvenes, sin que a la fecha la misma institución tenga una descripción concreta sobre qué tipos de personas en Guatemala pueden ser considerados mareros.

Horas más tarde el video sería borrado de las redes sociales de la PNC.

Señor presidente, estoy consciente de la necesidad que tienen las personas de que mejore la seguridad ciudadana, eso no se puede negar, sé que usted está al tanto de la situación y que desea entregar buenos resultados, pero no puede, a costa de esos resultados, andar por la vida etiquetando de delincuentes a las personas solo por su simple apariencia.

Aprendamos de los errores del pasado. Durante el conflicto armado interno, la posesión de un simple libro, que fuera tachado de revolucionario, era razón suficiente para desaparecer o asesinar a las personas. Eso únicamente dejó como resultado miles de familias en las que aún permanece la esperanza de encontrar a sus familiares, pero también una sociedad con mucha fragmentación y con necesidad de justicia para encontrar reconciliación.

Etiquetar a las personas por su apariencia es peligrosísimo en el contexto de la problemática social en la que Guatemala vive. Ayer fueron miles de estudiantes, catedráticos, sindicalistas y demás grupos sociales que fueron eliminados por su apariencia. En la actualidad pienso en los jóvenes que con su libre expresión pueden provocar saña de parte de las autoridades. Pienso en la comunidad LGBTI que sigue cargando con muchas violencias sociales y estatales, y, sin ir muy lejos, los defensores de derechos humanos, tildados, desde los grupos de poder económico social, como los vividores y holgazanes subsisten del dinero del pueblo.

Hagamos conciencia, no podemos regresar a las prácticas del pasado en nombre de la seguridad, detrás de cada caso de delincuencia debe prevalecer un debido proceso, y, eso sí, aplicar todo el rigor de la ley a los responsables de la zozobra social. Pero nunca a costa de la simple apariencia que cada uno de los guatemaltecos y guatemaltecas tenemos. Eso jamás.

Fuente: https://gazeta.gt


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