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Guerra, crímenes y terrorismo
Por César Montes - 26 de marzo 2004
cmontes@yahoo.com.mx

Es un crimen masivo lo ocurrido en Madrid. Es crimen matar a un anciano paralítico y casi ciego cuya función espiritual era conocida como su nombre Ahmed Yassim. Condenable la actitud del Gobierno de Israel. ¿Justifica la Intifada el crimen del líder religioso palestino? ¿Las muertes de civiles en Afganistán justificarían las muertes de Atocha o las Torres Gemelas? No se justifica el terrorismo de Estado ni el terrorismo de los fundamentalistas. Agradezco el mail de Sergio Sarti -oficial del Ejército, actualmente de baja- referido a mi columna anterior, le respondo con el mismo respeto a un guerrero, como él mismo se califica.

Se opone al establecimiento de la CICIACS; a que se divulgue el REHMI en las escuelas y a la presencia de MINUGUA. No comparto su oposición. Pero discutiendo serena y respetuosamente podremos ponernos de acuerdo. Sí comparto su anhelo de salir del fango en que nos encontramos, si todos juntos como nación empezamos a caminar hacia un mismo rumbo.

Buscando los puntos de coincidencia y escuchando atenta y serenamente las opiniones contrarias, podremos llegar a otras coincidencias. Ese es el camino de la resolución pacífica de los conflictos y enfrentamientos fratricidas. Siguiendo la espiral de violencia de acción y represalia, o venganza, sólo perpetua la polarización y los crímenes autojustificados. Siguiendo la espiral de la discusión franca y respetuosa podremos construir la paz duradera y desterrar el uso de las armas.

Por cierto, no me referí al señor Minondo en mi columna. Leí a otro de los columnistas fúricos. Pero eso ya no tiene importancia. Sí la tiene que usted y este combatiente de toda la vida podamos polemizar. Le ofrezco reproducir en mi columna lo que en cuartilla y media quiera exponer, para que los lectores formen su propia opinión sobre las causas y orígenes del enfrentamiento armado feroz y sanguinario que sufrimos.

Para que no se repita y para que a las escuelas les llegue la opinión de dos personas que estuvieron enfrentados a muerte, pero que no torturaron ni asesinaron mujeres y niños. Simplemente combatieron por los ideales que creyeron justos. Marcando distancia de los que de uno y otro bando cometieron excesos injustificables.

El 30 de junio de 1964, el ex teniente Turcios Lima, convertido en comandante guerrillero, tomó prisioneros a los soldaditos que custodiaban la hidroeléctrica de Río Hondo. Tomé parte en esa brillante acción militar en la que, sin disparar un solo tiro, capturamos elementos de tropa del Ejército de Guatemala, y se les trató acorde a los Convenios de Ginebra, los liberamos inmediatamente.

El jefe de la Policía Nacional de Río Hondo murió luego de herir a uno de los combatientes guerrilleros que nos acompañaba en esa acción. No destruimos la presa hidroeléctrica, ni botamos poste o puente alguno. Otros hicieron esos actos muchos años después. Sobre eso podemos discutir. Como también de la derrota del destacamento de Panzos que en octubre, hace 40 años, ocurrió bajo la conducción del comandante Turcios y este servidor como su segundo al mando.

Podemos discutir sobre la derrota que en la Sierra de las Minas nos infringió la unidad militar que integraban Harry Ponce Ramírez y el general Rabanales. Murió un guerrillero, compañero y hermano mío bajo las armas de ustedes, y sobre todo debo decir que cometimos errores de seguridad y su Ejército demostró tener capacidad de mando y sorpresa.

No tengo recriminaciones a esos enfrentamientos con total desventaja de armas y efectivos de nuestra parte, pero total compromiso de aceptar los riesgos de muerte para demostrar lo justo de nuestras razones. Tampoco exijo justicia por la muerte en combate de mi esposa Clemencia Paiz, que por descuidos nuestros fueron sorprendidos en una casa de seguridad.

Confío en que podamos juntos investigar qué oficiales del Ejército estuvieron implicados en el crimen de los 28 desaparecidos, el secuestro, tortura y asesinato de mi hermano Jorge Macias, capturado en su casa de la zona 5, frente a sus hijos y esposa, sin que portara arma alguna, a quien tiraron muerto en Zacapa. Discutamos de los muertos fuera de combate, y que no eran combatientes ni regulares ni irregulares. Juntos busquemos que la Recuperación de la Memoria Histórica se presente, por nosotros dos, en algún foro con público y prensa para que nada quede impune.

Termino citándolo a usted textualmente: 'Es hora de olvidar los conflictos del pasado, sin dejar de lado los errores de antaño para no volver a cometerlos y empezar a despegar como nación. 36 años de guerra nos han templado'.

Tomado de www.sigloxxi.com


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