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El paro nacional
Por César Montes - 11 de junio de2004
cmontes@yahoo.com.mx

Los puntos medulares de las peticiones del paro nacional se resumirían en oponerse al TLC, a los desalojos en el campo, y a la carga tributaria para los sectores más empobrecidos del país.

Para los magros logros obtenidos, no se necesitaba cerrar las carreteras del país y movilizar manifestantes en la ciudad en tales proporciones.

Sin ánimo de molestar a nadie, fue demasiada tortilla para tan poco chicharrón. Sobre todo si tomamos en cuenta que ya algunas de las demandas del Colectivo de Organizaciones Sociales se habían aceptado por diputados, bancadas, y aun el Ejecutivo afirmó que retiraría de su propuesta afectar el bono 14, el aguinaldo y poner el umbral de los afectados por el ISR en la cantidad que el movimiento social propuso.

Lo demandado por los actores del paro nacional no fue precisamente muy audaz. Se movió torre, alfil y caballo, para sólo demandar peón, en una suerte de ajedrez en el que sólo faltó el jaque al pastor. Ciertamente la movilización con fuerte contenido político no tuvo su correspondencia con fuerte demanda social. No hubo disturbios, ni represión. Algo está cambiando. Lo que no podemos dejar de señalar es el limitado y coyuntural alcance de las demandas. Se pidió tan poco, que queda el sabor de que las razones expuestas no eran las que en verdad se pretendían. Se brindó, pues, a Berger, la posibilidad de lucirse como tolerante, negociador, comprensivo. Lo mismo que a los presidentes de los otros organismos del Estado, el Congreso y Justicia, la posibilidad de lucir su mejor estilo negociador, conciliador.

Con el paro nacional, parece que ganaron todos los que están en posiciones de la administración burocrática del Estado, y bien poco el movimiento social. Como siempre, queda el recurso de señalar que se obtuvo lecciones y experiencia, que por cierto ya se debiera tener.

Ahora regresa el centro de las discusiones y escenario político al Congreso de la Republica, donde se resolverá lo del paquete fiscal presentado por el Ejecutivo. Allí de nuevo se buscará, por algunos, el protagonismo personal, ganar los titulares de prensa, la foto. Otros buscarán el protagonismo de su partido, su camiseta, su dirigente y secretario general, posición considerada como el trampolín idóneo y necesario para ser candidato presidencial. Algunos diputados, quizás los menos, buscarán aprobar lo bueno de la propuesta de la Comisión Técnica del Pacto Fiscal, lo bueno de las contrapropuestas del COS, de las otras propuestas de sectores económicos, resolviendo con visión de país lo que conviene a todos.

Es tan difícil mantener posiciones que trasciendan a los límites de su propio partido, sector económico o social. Tan fácil pensar limitado y de corto plazo. Las visiones estratégicas escasean, la búsqueda de coincidencias que beneficien al país menguan con los días.

Ahora debemos esperar que las audiencias populares en el Congreso se institucionalicen para pasar a discutir con todos los sectores qué hacer con el contrabando, con la lucha contra la corrupción, la discriminación, la violencia contra las mujeres, la falta de transparencia.

Que el Congreso de la República escuche la opinión de todos los sectores respecto a su propio desempeño, como forma de fiscalización ciudadana que tanto se ha cacareado.

Si los desalojos continúan en el campo, pueden darse movilizaciones que no sean tan tranquilas como la recién pasada. Urge la certeza jurídica para los campesinos, tanto como para los propietarios de tierras bien habidas y trabajadas.

Sin embargo, se están moviendo demandas de desalojo contra campesinos, cuyos derechos históricos son incuestionables. En la Sierra de las Minas continúa la pretensión de Maderas el Alto, de usar fuerza militar en contra de campesinos desarmados. Se presiona a los jueces de mil maneras para lograr que el despojo sea legal, aunque no sea justo. Esperamos ver contenidos esos ánimos de quienes quieren lanzar a la extrema pobreza a grupos campesinos organizados. El movimiento campesino no debe ni puede ser sustituido. De otra manera, lo que estamos haciendo es acumulando detonadores sociales que pueden eclosionar sin que se sepa adónde puede llegar.

Cargar de impuestos a los sectores sociales, cuya capacidad adquisitiva ha disminuido gravemente, es otro posible detonante.

Exagerar la brecha fiscal para dramatizar la situación difícil de falta de capacidad de efectivo es un camino de dudosos resultados. En las discusiones del paquete impositivo que envió el Ejecutivo, ya queda claro que hay formas de captar más recursos para el Estado, con sólo tener la voluntad política de obligar a los que financiaron a casi todos los presidentes, que cumplan con sus deberes para con todo el país.

Tomado de www.sigloxxi.com


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