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La política del subdesarrollo
Por César Montes - Guatemala, 20 de agosto de2004
cmontes@yahoo.com.mx

Mientras que los ciudadanos no sepan, aunque sólo sea en sentido general, cómo se elaboran los proyectos de ley, se aprueban y se convierten en ley vigente, la auditoría social será una mera labor de élites o canto de sirenas.

Mientras las leyes sean letra muerta y la sociedad civil no sepa incidir en el cumplimiento, seguiremos arando en el mar. Mientras no sepamos exigir que quienes violan la ley, pueden y deben ser sancionados, continuaremos la siembra en el desierto.

El miércoles y jueves, nuevamente el país entero fue testigo de arreglos en el Congreso de la Republica para pagarle a las ex PAC. Presionados por las amenazas se legisla. Una realidad a la que debemos oponernos. No se puede seguir ejerciendo la balbuceante democracia, presionados por la bota militar o el caite de quienes los militares organizaron para reprimir a su propio pueblo.

En el Hemiciclo se escuchan discursos demagógicos a nombre del pueblo. Las ex PAC no son todo el pueblo. Ni todo el pueblo está de acuerdo en pagarles, según las encuestas. Es muy amplio el rechazo a esa ley que se está aprobando.

¿Son los ex PAC conocidos internacionalmente como defensores o como violadores de los derechos humanos? ¿Cuál es la imagen internacional y la señal que el Congreso actual dará a la cooperación internacional? ¿Es garantía para los inversionistas extranjeros, el pago a quienes corretean libremente a los diputados por las calles, insultándolos y los rodean a gritos con turbas enardecidas en el edificio de la novena y décima?

Eso importa poco a quienes hacen grandilocuentes discursos para justificar su alineamiento con "el pueblo", que ahora es solamente los ex patrulleros. Un diputado que amenazó a sus compañeros con represalias en sus casas y a sus familias, ahora argumenta que todos los ex patrulleros fueron obligados.

Con pleno conocimiento de causa, y porque no sólo conozco ex patrulleros sino mantengo comunicación con muchos de ellos, puedo afirmar varias verdades perfectamente verificables.

Primera: la mayoría fueron obligados por el Ejército de Guatemala, amparados en leyes retorcidas, a reprimir a sus propias aldeas. Segundo: un buen grupo de ellos fueron voluntariamente para abusar de la autoridad que les confería el ser jefe de patrullas y cometieron crímenes, como el de Carpio Nicole, arrasaron aldeas -como Plan de Sánchez o Río Negro- y cometieron crímenes de lesa humanidad que no prescriben.

No puedo estar de acuerdo en que toda la sociedad guatemalteca se vea obligada a pagar con sus impuestos los millones que recibirían, incluso criminales y verdugos, que de esa manera se les premia por torturas, violaciones y crímenes.

Si los diputados de partidos que buscan protagonismos o proyectos electoreros quieren obligarnos a pagarles, que legislen sólo si antes se depura a los acusados de graves violaciones a los derechos humanos y se les enjuicia. Eso haría un gran aporte a la lucha contra la impunidad. Recibirían compensación solamente aquellos ciudadanos que fueron obligados. Es la única manera de terminar con este problema.

Hay un grupo de ex patrulleros que son radicales en extremo y violentos, comprometidos con sus crímenes del pasado. Otro grupo que está encaminándose a negociar con partidos políticos y menos radical. Pero mantengo relaciones con quienes estarían dispuestos a aceptar proyectos productivos, integrándose al torrente de campesinos beneficiados con tierras y subsidios que ahora llegan a Q30 mil por familia, como producto de los Acuerdos de Paz.

Este último grupo no recibe dinero para contratar camionetas, ni alimentos para dos o tres días de estancia en la capital. Están olvidados de los partidos y las instituciones. Ellos merecen mas atención y apoyo. Así está la política del subdesarrollo en este país de la eterna discordia. Esa es la muestra de la incapacidad y miopía política de la clase política de Guatemala.

Mientras tanto, algunos invitan a la derrotada derecha venezolana a venirse a refugiar aquí, seguramente porque la muestra de democracia, madurez y civilidad que dio el pueblo venezolano rechaza a los ultraderechistas, que sólo aquí se encontrarían a gusto. Contrasta el ejemplo de madurez política de la Republica bolivariana con nuestro atraso de la clase política criolla. En Venezuela triunfó la democracia participativa.

Tomado de www.sigloxxi.com


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