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¡Cayó Fidel!
Por César Montes - Guatemala, 22 de octubre de2004
cmontes@yahoo.com.mx

Me encantan los escenarios porque ilustran qué puede pasar, qué se puede evitar, qué se debería lograr. El título de mi columna es el sueño dorado de la gusanera de Miami y del Gobierno norteamericano, sea éste demócrata o republicano. Fidel se cayó en la escalinata del esplendoroso Memorial al Che Guevara en Villa Clara. Un traspié que a cualquier ser humano le ha ocurrido. Pero con las dimensiones humanas y políticas de Fidel, cuando él se cae tiembla en Miami y en Washington.

Pero imagínese usted, si el titular correspondiera a la situación de perder el poder en manos de un golpe de Estado de los que impulsaban las embajadas norteamericanas en América Latina. Seguramente que la bolsa de valores estaría en alza; ese mismo día se terminaría el bloqueo económico y comercial a la isla; irrumpirían inversionistas a reclamar garantías para inmediatamente invertir sacando ganancias en dólares a bancos norteamericanos; se permitiría inmediatamente viajar sin visa a EE.UU.; muchos volverían inmediatamente a reclamar sus casas y haciendas confiscadas y convertidas en propiedad social.

Pero no crea usted que vivirían de nuevo en Cuba. Seguramente se regresarían a EE.UU., porque la mayoría de la gusanera se siente norteamericana y ya no cubana.

Privatizarían la educación y la salud, se cobrarían las entradas a los estadios deportivos. Se ampliarían las cárceles en Guantánamo, que sería declarado territorio soberano norteamericano. Seguramente que lo ocurrido en las cárceles de Iraq sería superado en horror y humillación. Todo brote de resistencia en las ciudades sería reprimido con la misma ferocidad que en Bagdad.

Bush y Cheney serían los únicos proveedores de petróleo para Cuba. Abrirían casinos de juego como en Las Vegas, hipódromos para apostarle a las carreras. Predecible incremento en el circulante, porque se convertiría la isla en paraíso fiscal, aduanero y banquero, con el dólar como moneda oficial y libertad para el lavado de activos del narco. La prostitución sería tolerada, si no legalizada. Habría muchísimos productos en cadenas de supermercados extranjeros para quien tuviera capacidad adquisitiva y, naturalmente, muchísimos ciudadanos no tendrían capacidad de comprar nada. Pero, naturalmente, quedaría la puerta delictiva abierta y los bajos índices de criminalidad crecerían inmediatamente, al igual que la mendicidad infantil. Seguramente la prostitución infantil brotaría inmediatamente a la par de los índices del sida.

Los negros de nuevo serían tratados con la misma o más discriminación que tratamos aquí a los mayas. La solidaridad humana sería sustituida por la competencia implacable y ruinosa. Sería el triunfo de la democracia representativa donde los políticos demagógicos, marrulleros y corruptos volverían a surgir.

Conozco a Fidel personalmente. Me invitó a visitarlo en su casa, y luego a un recorrido por los alrededores de La Habana, a proyectos productivos y también a conocer parte del cinturón militar que defendía esa capital. Lo vi hace cuatro años y estaba como un viejo roble, firme y fuerte, a pesar de las noticias que lo daban como enfermo terminal, acabado o grave.

Seguramente hay Fidel para rato. Me incluyo entre el club de los que aspiramos a vivir 150 años sin pérdida de las facultades físicas principales. Fidel pertenece a ese club latinoamericano. Estoy seguro que desde su lecho de convaleciente seguirá con la misma firmeza que lo caracteriza, sorteando una y mil emboscadas.

Es un hombre de desafíos. De hueso colorado, al que ya se le nota el natural paso del tiempo. Ya no somos los mismos de antes. Pero es sorprendente su capacidad para envejecer con dignidad y mantener el vigor bien administrado. Puede usted estar en desacuerdo con él, con su papel continuado al frente del Partido, el Gobierno y el Estado. Pero en lo que todos, amigos y enemigos, están de acuerdo es en su excepcionalidad. No hay estadistas del calibre suyo.

Sus adversarios más notorios de cuando Fidel empezó a brillar, han muerto. Les dio aliento a los jóvenes para que no interrumpieran las festividades, porque siempre le caracteriza su apoyo a la juventud y la promoción de las nuevas generaciones que sólo han conocido su conducción y liderazgo. Por eso son esencialmente fidelistas.

Tomado de www.sigloxxi.com


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