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¿Para qué enemigos, con esos amigos?
Por César Montes - Guatemala, 3 de diciembre de 2004
cmontes1@yahoo.com.mx

Hablo sin rodeos, sin tapujos y al punto. Señor Juan Luis Font: ¿Qué tiene en contra de mi contrato en el Congreso de la República? Fue hecho en tiempo, forma, con todos los requisitos legales. Con el consentimiento de la bancada de ANN y pleno acuerdo del Secretario General de ese partido; firmado por la jefa de bancada, diputada Nineth Montenegro, quien es conocida por su lucha inclaudicable contra la corrupción.

La forma como usted redacta su columna en la que menciona, implicaría que al ser contratado por un sueldo justo y digno, para un trabajo que ya he desempeñado en el Congreso de la República de México, por lo cual estoy plenamente calificado, fue hecho porque los partidos pequeños también caen en corrupción y recogen migajas de ella. Mi caso no está en investigación por la Comisión de Probidad del Congreso de la República. De manera que el veneno que usted soltó en mi contra debería clarificarse con suficiente ética.

Hagamos un escenario. Si escribiera una columna mencionando que hay columnistas "faferos" y luego, sin solución de continuidad menciono a Juan Luis Font, quien sigue escribiendo su columna en El Periódico, ¿qué pretendo con eso?

Lamento que una persona a quien apreciamos, a quien invitamos al Encuentro por la Paz y Democracia, realizado en Xela, escriba una nota que quizás alguien le sugirió o le filtró venenosamente. Creo firmemente que nadie le pagó para que escribiera, porque sé que no se presta a esas prácticas. Por eso lo invitamos, porque estamos buscando a los hombres y mujeres justos, que estén contra la corrupción y que tengan capacidad suficiente para entender que necesitamos unirnos todos los guatemaltecos de buena voluntad, en un esfuerzo descomunal para salvar al país. Le solicito con todo el aprecio que le sigo teniendo, que clarifique qué tiene contra mi contrato.

Le ofrezco aportar elementos para luchar contra la corrupción en el Ejército de Guatemala, en el IGSS, en el Congreso de la República, y que usted los use en su columna, con suficiente soporte de sus argumentos y no sólo basado en la fuerza de ser funcionario de un medio periodístico. Le pido que respete lo que todos saben en este país y en Centroamérica, que de al menos más de dos cosas no me pueden acusar después de más de 40 años de participación en la política por otros medios: que nunca le he temido al enemigo mejor armado que nosotros, y que jamás he participado en acto de corrupción alguno ni lo he apadrinado. Hasta los enemigos a muerte del pasado me reconocen como incorruptible.

Por eso busqué a Poncho Bauer Paiz cuando llegue al país. Por eso estoy junto a la incorruptible diputada Nineth Montenegro, quien también confía o confiaba (ahora ya no sé) en usted.

¿Es usted parte de una batalla para desprestigiar las instituciones políticas guatemaltecas, más de lo que ya están? ¿Está usted por el "adelgazamiento" del Gobierno, al nivel que se haga casi imperceptible hasta casi abolirlo? ¿Es usted parte de quienes combaten el papel de los gobiernos para dejar todo en manos del mercado? ¿Cuál es su verdadera posición política?

¿Podemos seguir contando con usted como amigo, con el aprecio que le tenemos? ¿Cuál es la razón para distanciarse de nosotros? O como dice el refranero popular: Con esos amigos ¿Para qué necesitamos enemigos?

De todos modos considere usted que tal como le he visto a los ojos y dado la cara, lo seguiré haciendo, a pesar de un ataque de un amigo, que considero, por lo que la realidad demuestra que no merezco. Reciba usted, luego de su ataque implícito, el saludo cordial de quien lamenta su impensable gesto. A otros que me han dicho cosas peores, los sigo tratando sin rencores. Sepa que tampoco a usted le tendré rencor. Porque cuando usted tenga mi edad, comprenderá, joven, que no hay que crearse enemigos gratuitos entre quienes nos consideran amigos y nos aprecian, como es mi caso.

Cordialmente y sin molestia alguna, esperando no haberme equivocado al pensar que podíamos compartir trincheras, me despido considerándome su amigo, y esperando que usted, algún día, comprenda que esa mano amiga que le brindé, no era justo dejarla en el aire.

Revolucionariamente, su amigo César Montes.

Fuente: www.sigloxxi.com


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