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¿Rigoberta Menchú a la OEA?
Por César Montes - Guatemala, 7 de enero de 2005
cmontes1@yahoo.com.mx

A través de los medios electrónicos han llegado a mi dirección electrónica diferentes opiniones sobre la posibilidad de retomar la candidatura centroamericana para la presidencia de la OEA con Rigoberta Menchú.

Esa candidatura se fundamenta en el decenio indígena, además de su calidad de premio Nobel que daría prestancia al organismo regional que nunca ha tenido entre sus presidentes a ningún laureado con el Nobel. Garantizaría retomar el esfuerzo para que la Secretaría General de la OEA quedara en Centroamérica, lo cual sigue siendo un compromiso inicial asumido por la mayoría de gobernantes latinoamericanos.

Ni los candidatos de México o de Chile tienen la importancia internacional que Rigoberta representa; mucho menos el ex presidente salvadoreño más reconocido por su docilidad ante EE.UU. que por su representatividad nacional.

Para Guatemala significa un aporte para solucionar un impasse que no puede prolongarse por la falta de consenso que indudablemente esta nueva propuesta viene a abrir, porque es presumible que se encontraría el consenso fácilmente si esa propuesta cuaja debidamente.

Para el actual Gobierno guatemalteco eso puede representar una batalla con todas las previsiones de ganarla.

Para las tendencias de inclusión de los pueblos originarios sería indudablemente la mejor forma de honrar el decenio indígena. Ella, como constructora de la Paz, aportaría elementos novedosos a un organismo que no ha estado precisamente en sus mejores momentos; lo revitalizaría, y vemos en Rigoberta la capacidad para relanzarlo como debe ser: un instrumento de los pueblos y gobiernos en momentos en que se hace indispensable contar de nuevo con la OEA como organismo regional y no como Ministerio de Colonias de ánimos neoimperiales.

Sería la primera mujer presidenta del organismo regional, lo cual significa una señal de los nuevos tiempos y puerta abierta a nuevas posibilidades de participación femenina.

Por varios lados que se analiza esta propuesta que medios electrónicos nos hacen llegar, luce interesante, innovadora y una solución de inmediata aceptación.

Sus relaciones amplias con la ONU y diferentes gobiernos europeos son elementos importantísimos a tomar en cuenta.

Seguramente, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Panamá, para sólo mencionar algunos, estarían en línea de apoyar esta candidatura.

Este esfuerzo contaría con la simpatía de la sociedad civil latinoamericana.

Nuestra Rigoberta es una precandidata de peso, que no debe descartarse sino apuntalarse nacionalmente. En la región centroamericana y en el ámbito latinoamericano es indudable su simpatía.

El papel desempeñado como Embajadora de Buena Voluntad de la ONU, y ahora en sus actuales funciones, ha merecido reconocimiento y elogios. Es reconocida su habilidad para concitar consensos y lograr acuerdos. Ha estado en la vida política regional y mundial, contribuyendo a la solución de diferendos étnicos. Sería su candidatura una demostración práctica de lucha contra la discriminación y las diferentes manifestaciones de racismo en Latinoamérica y el mundo. Es, pues, importante que esta propuesta pueda ser retomada por el actual Gobierno guatemalteco para hacerla su bandera de lucha. Diferentes asesores del Ejecutivo y de la Cancillería lo están contemplando como posibilidad real, y pueden presentar esa propuesta en el próximo cónclave presidencial centroamericano. Destapar las gestiones discretas que se han venido haciendo es saludable en este momento en el que diferentes gobiernos hacen lobby para que Guatemala apoye a candidatos fuera de la región centroamericana.

Fuente: www.sigloxxi.com


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