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La guerrilla olvidada
Por César Montes - Guatemala, 18 de marzo de 2005
cmontes1@yahoo.com.mx

En los años 1967 y 68 las guerrillas de la Sierra de las Minas habían sido derrotadas militarmente, al grado de limitar su capacidad militar ofensiva y quedar reducidos a luchar únicamente por su sobreviviencia.

En 1972 entramos a fundar el EGP por el Ixcán mexicano, con sólo 15 hombres. Los q' eqchíes de Alta Verapaz, habían quedado librados a su propia suerte. Nadie los atendía ni los dirigía. Fue hasta casi 10 años más tarde, que se reorganizaron en el bum del crecimiento guerrillero que se impulsó por el crecimiento del EGP. Organizadores de las FAR llegaron a la zona del Polochic y nuevamente se reorganizó la guerrilla de la Sierra de las Minas, en la zona montañosa de la vertiente norte donde los q' eqchíes viven.

El año pasado hice los primeros contactos con gente que vivía en los campamentos que establecimos junto al comandante Luis Augusto Turcios Lima. Ellos me dijeron que estaban en la Zona Núcleo protegida por el Conap, que los querían desalojar. Me pidieron que los dirigiera en su resistencia, o en la solución de su problema. Me informaron que tenían fusiles, municiones, bastones chinos y granadas de los mismos. Ofrecieron el concurso de sus viejas armas y su experiencia, en caso fracasara lo que estábamos negociando en la parte de Zacapa, enfrentados a Maderas El Alto y con peligro de enfrentamientos armados con los antimotines y el Ejército.

En resumen, me fui dando cuenta de que esa guerrilla nunca fue desmovilizada; fueron un simple número con el que se negoció la paz en los hoteles de cinco estrellas, pero que en el terreno nadie les dijo dónde y a quién entregar las armas, y por ello no han recibido ningún beneficio por su aporte a la paz.

Recordé el caso de los soldados japoneses que seguían armados después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Pero claro que esos japoneses estaban en islas como Filipinas. Aquí se trataba sólo de unas pocas horas en carro, y media hora en helicóptero. Hablamos de toda su historia. Uno de ellos es de los antiguos miembros del PGT, sobre cuya base, las primeras FAR se constituyeron en la zona indígena de las Verapaces.

No tienen casas, ni tierras, ni ayuda alimentaria alguna. Sus comandantes se olvidaron de ellos. Quizá porque están muy ocupados en otras cosas, lobby en el Congreso de la República, viajes a conferencias internacionales, reuniones con secretarios generales de los partidos de derecha, y muchas otras actividades más importantes que "preocuparse por un grupo de indígenas perdidos en la Sierra de las Minas".

La preocupación de La Guerrilla Olvidada de la Sierra de las Minas era que hubiésemos muerto todos los jefes guerrilleros históricos. Enviaron algunos combatientes a buscar a Yon Sosa a la frontera con México. Sólo encontraron a excombatientes del Ixcán, con quienes hablaron. Algunos contactos con los zapatistas chiapanecos, y volvieron con la noticia de que Turcios había muerto en ciudad Guatemala; yo aún estaba vivo, por lo que me buscaron hasta encontrarme.

Ahora me dijeron que buscarán cómo insertarse en la paz, o si quedaban como reserva para una nueva guerra que ya nadie quiere. Recordé los personajes y las historias de Gabriel García Márquez y me di cuenta que Macondos existen en todas partes, y que hemos vivido más de 100 años de soledad en Guatemala.

Me preguntaron si acaso alguien reconocería su gesto de entregar sus armas, municiones y su voluntad de trabajar por la paz; porque de no ser así, prefieren seguir viviendo en medio de los bejucos y animales de la Sierra, pero libres como el quetzal.

Les dije, claramente, que de los comandantes guerrilleros seguramente no van a aceptar que esta historia se sepa y que negarán que alguna guerrilla se les olvidara. También corren el peligro que los generales del Ejército no quieran comprometerse a reconocer que sus organismos de inteligencia fallaron, al decir que no hay hombres ni mujeres armados en el país.

Hablamos de que muchas cosas son tan increíbles, que mejor niegan la realidad. Que irónicamente quizás conformemos una comisión con un empresario que ama el color verde de nuestra Guatemala y de la Sierra de las Minas, y que les encontremos acomodo en este nuevo relanzamiento de los Acuerdos de Paz, porque aquellos que los firmaron ya olvidaron.

Por de pronto les dije que el olvido es una forma de estar muerto. Pero que aquellos que nos quisieron olvidar están ahora seniles o desfasados, pero que nosotros seguimos firmes, porque el revolucionario es joven toda la vida.

Fuente: www.sigloxxi.com


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