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La intolereancia
Por César Montes - Guatemala, 2 de septiembre de 2005
cmontes1@yahoo.com.mx

Pido perdón a la familia de Sandoval Alarcón, por mi injustificable intolerancia.

Presenté el libro "Guerreros de la Libertad" en Librería Piedrasanta. Roberto Ardón del Cacif, participó como peso pesado del sector empresarial. Brillante. El autor, David Ernesto Panamá había pedido, vía Irene Piedrasanta, que estuviera en la actividad. Es la historia de Arena, con la que estuve enfrentado a muerte en El Salvador cuando fui jefe del Frente Guerrillero de Guazapa. Al leerlo, me pareció acertada la decisión de asistir.

Puedo no compartir las opiniones de Panamá; oponerme a sus interpretaciones de sucesos en los que participé directamente; pero reconozco y defiendo a muerte su derecho de expresar sus vivencias y opiniones. Di la visión de un combatiente de izquierda, leal a sus principios, sobre las opiniones de un combatiente arenero de derecha, leal a los suyos. Ambos luchamos por ideales, errados o no, correctos o parcialmente correctos o no. También los guerrilleros nos considerábamos "Guerreros de la Libertad". Pero ahora es tiempo de reflexión, de búsqueda de puntos de contacto y coincidencia que impidan que se repita el feroz enfrentamiento armado interno.

"Los gringos pusieron las armas y nosotros pusimos los muertos". En eso coincidimos con Panamá. "Durante ese período histórico la mayoría de salvadoreños no nos dimos cuenta de que nuestro injusto sistema económico social, sumado a los intereses de las grandes potencias, favorecía una nueva confrontación armada más cruenta que la de 1932". Son citas que comparto plenamente. Podemos, juntos, encontrar solución a problemas, sin enfrentamiento armado. Por eso llamé al fin de la intolerancia que produjo la guerra de 36 años. Descubrí que yo aún la padezco en cierto grado. Me referí a Mario Sandoval Alarcón despectivamente y con adjetivos, lo que indignó a su familia presente. Reconozco haber cometido el error de la intolerancia. Me señaló una hermana de Sandoval, que nos habíamos tratado con respeto en esta columna. Otra señora, esposa de uno de los Sandoval, con toda razón me recordó que era falta de respeto a un muerto que ya no puede defenderse y eso si es un error grave de mi parte. Pido disculpas a esa familia, por tal grado de intolerancia que no tiene justificación alguna.

Fuente: www.sigloxxi.com


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