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El día del guerrillero
Por César Montes - Guatemala, 7 de octubre de 2005
cmontes1@yahoo.com.mx

El Ché Guevara quedó eternizado en su ejemplo, al grado de convertirlo en afiche.

Un balazo pegó en su carabina inutilizándola; no tenía cargador su pistola por haberla perdido en la espesura de la selva. Quedó herido y por eso no pudo retirarse. Los soldados lo capturaron sin saber a ciencia cierta quién era. El oficial que lo interrogó quedó sorprendido cuando dijo: "Soy el Che Guevara". Informó a La Paz, capital de Bolivia. Recibió instrucciones de no dar la noticia hasta no estar absolutamente comprobado. El oficial que recibió la orden de matar al prisionero no se atrevía y el Comandante Guevara le dijo:"Dispare, no tenga miedo que va a matar a un hombre". Le descargó una ráfaga y lo remató. El Che sonrió satisfecho y así quedo su rostro fotografiado con los ojos casi abiertos y una sonrisa irónica en el rostro.

Aquellos que lo asesinaron han pasado inadvertidos. El Che Guevara, en cambio, quedó eternizado en su ejemplo, a tal grado que lo han convertido en un afiche comercial en playeras, llaveros y marcas de vinos. Se trata de convertirlo en un ícono inofensivo.

En Guatemala se ve como signo de radicalismo y casi producto del averno, la foto que inmortalizó el fotógrafo Korda para la eternidad.

La Guerra Popular era el único camino en su época. No dudó en tomarlo poniéndose en primera línea de fuego. Nunca fue un Comandante que dirigiera la guerra a control remoto desde distancias seguras. Ponía su piel y su vida en juego para demostrar sus verdades. De esa tesitura nos construimos nosotros. A mucha honra he recibido el señalamiento de ser uno de los hombres del Che. En nuevas condiciones históricas lo recordamos rindiéndole honor con la lucha de toda la vida. Una rosa blanca en su memoria.

Nuestra condolencia a todos los que perdieron la vida de seres queridos y a quienes perdieron sus pocas pertenencias. Lo que recién ocurrió fue una calamidad nacional para los pobres y un temporal molesto para los poderosos económicamente. La reconstrucción debe ser costeada por todos. No esperemos la ayuda internacional. Si viene, bienvenida sea. Pero que por nuestro propio esfuerzo restañemos las heridas. Es responsabilidad nacional. Que lo sufrido por un semejante nos duela tanto como si fuera en carne propia. Eso es la virtud mas noble y grande que podamos tener los seres humanos. Espero que así me quieras, Guatelinda de los ojos verdes.

Fuente: www.sigloxxi.com


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