Hace un año
Por César Montes - Guatemala, 15 de diciembre de 2006
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Diez años después de la firma de la Paz, sigo sin ser invitado a los actos oficiales.
Un año es, a veces, una eternidad. Este que pasó nos ha puesto en la encrucijada de la vida y la muerte, literalmente hablando. Parece escrito por alguien ajeno, cuando releo mi columna del 9 de diciembre de 2005: El cáncer y yo. Pocas he escrito con tanta vocación de vida. Ante la inminencia de la muerte fue redactada con el corazón en la mano y sin pomposa retórica.
“Por eso esta columna no es ni solemne ni trágica. Es un canto de amor a la vida, a mis seres queridos, a los ojos verdes que han iluminado el camino en este último año, a mi dulce Guatelinda, madre amorosa, a los arrollos de la Sierra, sus azules altas cumbres, su historia dolorosa y grata, a la solidaridad humana que en mi caso se despliega. La vida valió la pena vivirla con tanta intensidad. Podría morir en este mismo instante satisfecho con lo vivido”.
Y el 17 de diciembre escribí: “Si esta fuera mi última columna no me arrepentiría de lo vivido porque ya le dije a mi Guatebuena todo lo que la amo. A todos los que conozco les dije que los quiero sin rubor alguno. A mis hijos les hice sentir mi amor y orgullo por ellos. A mi pueblo le demostré mi amor intenso. He tenido hijos, escrito un libro y plantado un árbol de la reconciliación. Amé y fui amado. He cumplido”.
Un año después, los chequeos médicos dicen que no tengo rastros de cáncer, pese a que no recibí quimioterapia. Mi cuñada Aída, viuda de mi hermano Jorge, asesinado por el Ejército en 1966, es también sobreviviente del cáncer. Mi sobrina Lucky sobrevivió al de seno.
Una vez más enfrenté la muerte y vencí. Tengo logros en la obtención de tierra para los campesinos en los cuatro costados de la patria. Y a quienes preguntan respondo: comparto las esperanzas de los que, junto a Nineth Montenegro, en el partido Encuentro por Guatemala luchan por una posibilidad de combatir la pobreza; alternativa real para los jóvenes, mujeres e indígenas de una participación política donde se proscriba la corrupción y se promueva la transparencia.
“La izquierda militarista ha desaparecido”, dice Virgilio Álvarez. “Nineth supera a uno de los generales y cerca de otros candidatos que tienen más recursos”. Hace un año yo estaba casi muerto y Encuentro por Guatemala no había nacido. Y 10 años después de la firma de la Paz, sigo sin ser invitado a los actos oficiales. Fuente: www.sigloxxi.com |