Navidad de los de abajo
Por César Montes - Guatemala, 22 de diciembre de 2006
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En los barrios de obreros y desempleados, se llenan de esperanzas sin fundamento.
Tamales, pinos en el piso, manzanillas, dulces de Amatitlán, pavo relleno en el mejor de los casos; cuando no, pollo, ponche, octavos de Indita, cohetes, cachinflines prohibidos, regalos —algunos de ropa de paca— y abrazos. Lágrimas, muchas por lo que no se tiene; por los que ya no están; por tradición. Es la fiesta familiar de los de abajo.
Rama seca pintada de plateado en lugar de árbol navideño, lucecitas de colores, campanas y esferas, canciones navideñas y sorprendentemente, a pesar de las limitaciones, lo que llaman “espíritu navideño” se impone en la mayoría de hogares urbanos, y algunos rurales.
Es un fenómeno que generan las religiones occidentales. Se fortalecen lazos familiares, espíritu de solidaridad y afecto impera, y las limitaciones no son obstáculo para la euforia de la medianoche.
En los barrios de obreros y desempleados se llenan de esperanzas, las más de las veces sin fundamento, pero sirven de liberación de alegría, y expectativa de que los deseos se conviertan en realidad.
En el campo, la estrechez económica impone más limitaciones. Pero aun allí los rezos de medianoche imperan y los deseos quisieran compensar la dureza de la realidad. Se ha perdido mucho de la tradición de los Nacimientos, pero aún sobreviven en muchísimos hogares donde los pesebres recibirán al Niño Dios, luego de estar guardado un año entero.
Los de arriba tendrán vinos y otros licores caros, pavo relleno, cena en algún hotel de cinco estrellas, con baile y fuegos artificiales, quema del dinero de manera fútil e improductiva. El dispendio económico sorprende en un país lleno de pobres y de unos pocos ofensivamente enriquecidos, evidenciando disparidades injustas. Los de arriba tienden a lo foráneo en sus celebraciones. El folclore y la tradición son para los de abajo.
Pero todos se llenarán de unas horas de alegría y de fraternidad que nos heredaron la costumbre y la formación religiosa.
A los lectores de esta columna les hago llegar los tradicionales deseos por su felicidad. Religioso por mi formación infantil, es satisfactorio hacerles saber que sólo luchamos para que en medio de las diferencias que nos forman, no haya disparidades económicas insultantes. Feliz Navidad, en medio de las limitaciones, a todos los de abajo. Seguiremos luchando por ustedes, pacíficamente y solidarios.
Fuente: www.sigloxxi.com |