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Otto René Castillo, In Memoriam
Por César Montes - Guatemala, 23 de marzo de 2007
cmontes1@yahoo.com.mx

No usó arma alguna.Sus delitos fueron el patriotismo y su posición revolucionaria.

“Los quemaron vivos después de torturarlos en la aldea La Palma de Río Hondo, Zacapa”. “El Ejército los capturó después de atacarlos en casa de mi papá, Cornelio Portillo, el jefe de esa escuadra guerrillera. Monsanto salió corriendo y los abandonó”, me dijo Hernán Portillo.

Nora Paiz Cárcamo y Otto René no tenían experiencia; por eso los capturaron. Fueron torturados, baleados, y aún vivos los quemaron. Hace 40 años me llamaron para decirme que Ramiro Bermúdez, cuñado de Piky Díaz y esposo de Nora, estaba en Amatitlán. Ella y Otto habían sido capturados. Se hizo hasta lo imposible. El general Arriaga Bosque, padrino de Paiz, le ofreció a la madre que le garantizaría la vida, pero inmediatamente ordenó asesinarla a ella y al poeta más brillante de entonces.

Doña Clemencia Paiz viajó a La Palma; fue guiada a un lugar donde encontró mechones de pelo rubio de su hija, un pedazo del muslo y trozos de pantalón; despojos de quien en vida fuera la bella y valiente chica de ojos azules. Los guardó en una cajita y lloró desconsoladamente. Su hija Clemencia era mi esposa; Nora mi cuñada. A ambas las mató el Ejército.

Otto René fue nombrado en la guerrilla de la Sierra de las Minas como responsable de Educación del Frente Guerrillero. No usó arma alguna. Sus delitos fueron el patriotismo y su posición revolucionaria. Le temían por sus poemas, más certeros que las balas. Su generación de poetas comprometidos llamó a la lucha y la encabezó. Nadie lo obligó. Nadie pudo impedirle subir a la Sierra; derecho y deber que exigió y cumplió.

Los métodos de lucha contraguerrillera aún se aplican a diputados al Parlacén. Se terminó la guerra y siguen la desaparición, tortura sádica y quemados aún con vida. Nos dijeron que dejáramos atrás el pasado; que perdón y olvido eran lo justo. Mirar para adelante y dejar tranquilos a quienes “cumplieron con su deber” y “evitaron el triunfo de los guerrilleros”.

Ahora, 40 años después, siguen los escuadrones de la muerte que nunca fueron detenidos ni juzgados, usando los mismos métodos contra las maras, los narcodiputados areneros; en la cárcel de El Boquerón o contra inocentes ciudadanos comunes. Eso hacían los del MLN. ¿Verdad, Sisniega Otero?

Fuente: www.sigloxxi.com - 160307


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