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Gerardi, ¡nunca más!
Por César Montes - Guatemala, 27 de abril de 2007
cmontes1@yahoo.com.mx

Dos días antes de su muerte hablamos brevemente en la amplia reunión junto a la Catedral. Ese sitio es el centro del país; ese momento, centro de la vida institucional en el naciente proceso de construcción de la paz. Se había entregado el estudio de Recuperación de la Memoria Histórica. Quienes estuvieron enfrentados a muerte durante 36 años coincidían en ese momento histórico. Saludé a algunos generales.

Ninguno de los negociadores gubernamentales de la paz ahí presentes, ni funcionarios, personajes políticos o invitados internacionales asistentes intuían que Gerardi sería cruelmente asesinado. Vergüenza nacional el magnicidio y la conducta de los organismos de justicia que permitieron tanta burla a la opinión pública.

Crimen ignominioso que desgarró la confianza en la reconciliación. Aún no se superan las desgarraduras. Sentido homenaje a tan ilustre personaje, cuya dimensión se agiganta con el tiempo. Gerardi nunca se alejó de su pueblo; acompañándolo en su Vía Crucis y búsqueda de la justicia por medio de la verdad.

Tuve tiempo de responder brevemente a su pregunta: “¿Cuál era el programa de Turcios Lima, Yon Sosa y ustedes, los iniciadores del enfrentamiento armado?”. Traté de sintetizar: “Hacer una revolución en busca de la justicia social por medio de redistribuir la riqueza, búsqueda de igualdad de derechos y oportunidades, introducir la democracia al país sin gobiernos militares, equidad de género, respeto a las culturas originales; que la propiedad privada respete sus obligaciones con la sociedad, defender los recursos naturales para tener desarrollo sostenible; un Estado que regule el mercado, que alfabetice a todos, proporcione vivienda, salud pública, empleo, apoyo alimentario para eliminar la desnutrición y el hambre, pero sobre todo, desarrollo agrario con reforma de la tenencia de la tierra”.

Me dijo algo que no recuerdo literalmente. Se refirió a que todo se podía lograr sin el uso de las armas, menos la tierra. “Si esa era la idea de socialismo de ustedes, no es tan terrible como se ha dicho…”. No terminó la frase; alguien interrumpió para saludarlo. Tampoco terminó su obra. A un apóstol de la paz y la no violencia se le mató con la máxima violencia. Nueva forma de guerra que padecemos ahora.

Fuente: www.sigloxxi.com


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