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Suchitoto
Por César Montes - Guatemala, 20 de julio de 2007
cmontes1@yahoo.com.mx

Dos decadas atrás, muchos analistas advirtieron que las guerras serían por el agua.

Las protestas desarmadas, pacíficas, sin violencia, reprimidas violentamente por las instituciones encargadas de mantener el orden, generan espiral de violencia que nunca se sabe dónde termina; se vulnera el orden social y se dan justificaciones a los radicales y violentos.

Es el caso ocurrido en Suchitoto, El Salvador. No estar de acuerdo con la privatización del agua y oponerse pacíficamente es derecho constitucional, manteniendo posiciones ideológicas y políticas pero sin uso de la violencia. Pero lo que no puede hacerse es uso desproporcionado de los organismos de represión contra ciudadanos, hombres y mujeres, y tratarlos como terroristas.

El Fiscal General de la República, el Procurador de los Derechos Humanos, el Arzobispado de El Salvador y Amnistía Internacional, así como otras organizaciones sociales, han condenado la forma extrema del uso de la Ley del terrorismo, y piden revisión de la misma.

Me duele la bofetada en cualquier rostro humano, de cualquier parte del mundo, pero más duele cuando se conoce y quiere a un pueblo que considero propio, como Suchitoto, y a todo el pueblo salvadoreño.

Sobre todo, es sumamente riesgoso usar violencia desmedida contra ciudadanos que demostraron durante la guerra feroz de una década que fueron aguerridos, tanto los guerrilleros revolucionarios, como los contraguerrilleros de la Defensa Civil que nos enfrentaron duramente.
Es la hora de la paz y la reconciliación. Aquí y ahora, en Centroamérica y el mundo. Hoy por hoy podrían encontrarse unidos a quienes antes fueron enemigos a muerte, y que ahora coinciden en la defensa del líquido vital.

Dos décadas atrás muchos analistas advirtieron que las próximas guerras serían por el agua. Parecía vaticinio tremendista. Hoy realidad incuestionable.

Espero no se reinicie la espiral de violencia en un pueblo batallador, heroico, trabajador, como el salvadoreño, que se ha ganado la paz y, sobre todo, que el detonante sea el agua.

Muchos artículos se han escrito y yo mismo he redactado varios, advirtiendo lo peligroso de acusar a cualquier oposición social o política de terrorismo. Legislar en ese sentido es riesgoso para el desarrollo de democracias balbuceantes, experimentales, en proceso de desarrollo y consolidación. Los gobernantes de derecha que han dominado en Guatemala tanto como en El Salvador, desde los Acuerdos de Paz, tienen un serio compromiso internacional que cumplir con la democracia: garantizar el estado de derecho para todos los ciudadanos, incluida la oposición. Sin paz social no se garantiza el desarrollo social y económico.

Con la modesta voz de ex comandante guerrillero en el Frente de Guazapa, que tomó parte en tres ocupaciones militares con las armas en Suchitoto durante la guerra; en mi calidad de Constructor de la Paz en Centroamérica, y ahora, con las armas de la razón y la justicia social, pido que den libertad a los detenidos, no se criminalice la acción cívica pacífica, que le pongan los límites necesarios para mantener la paz y se derogue la “ley del terrorismo”, que es pésimo ejemplo regional.

Arena se fortaleció con el apego a la democracia y la paz, mientras que su mentor, el MLN, en Guatemala se disolvió por ser el partido de la “Violencia organizada”.

Fuente: www.sigloxxi.com


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