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Es necesario un nuevo salto de quienes estuvieron en la izquierda y en la derecha.
Por César Montes - Guatemala, 21 de septiembre de 2007
cmontes1@yahoo.com.mx

Estaba recientemente en la Unam, exponiendo el tema: Orígenes del Enfrentamiento Armado en Centroamérica, los Acuerdos de Paz y Perspectivas, cuando de paso toqué la insatisfacción de los pueblos centroamericanos hacia la democracia tan cacareada y tan incumplida en la región.

Hay elecciones democráticas, tránsito de un gobierno de un signo a otro, sucesión democrática y todas las desinencias que pueda imaginarse, pero una gran insatisfacción porque sus beneficios no llegan a la mayoría de los habitantes.

La pregunta acerca de si yo estaba de acuerdo con ella, o en su contra, era una trampa de quienes esperaban que uno de los fundadores del movimiento guerrillero en Centroamérica dijera que el único camino era el de las armas.

Pero tomar esa ruta no es sólo una moda de los 60, cuando en Guatemala iniciamos la primera ola guerrillera latinoamericana. Tampoco fue una moda, cuando en 1972 refundamos el movimiento ya derrotado, y se reiniciara el segundo ciclo de resistencia armada contra las dictaduras militares. No era un estilo o un capricho que a finales de esa década, por efecto de la lucha armada, se destruyera para siempre la obsolescencia de la dinastía Somoza en Nicaragua. Ni cuando, en 1981, fuimos a El Salvador a contribuir con los revolucionarios tras 12 años de encarnizada lucha que llevaran a ese país a ser conocido y respetado en el mundo por su resistencia.

Había condiciones objetivas y subjetivas para que nos comprometiéramos con un proyecto tan costoso en vidas y recursos. Con la misma tenacidad nos dedicamos a contribuir al proceso de pacificación de la región, porque habían condiciones para materializar el proceso iniciado en Esquipulas I y II.

Había condiciones objetivas y subjetivas para la pacificación en el área. Se produjo la síntesis del proceso que produjo su contrario: la contradicción y confrontación armada produjo su antítesis, el proceso de pacificación.

Ya no hay dinastía somocista, ni las 14 familias tradicionales gobiernan El Salvador, ni Honduras es el portaaviones norteamericano que se presta para invadir a sus vecinos. Y en Guatemala ya no se produjo ningún golpe de Estado o gobierno militar.

No todo fue en vano. No es cierto que nada se logró. Los procesos de paz en los tres países con enfrentamientos armados no dieron paso al desarrollo económico y social. Los logros son insatisfactorios, porque los ex contendientes no hemos generado un proceso de crecimiento económico y de superación de los altos índices de pobreza y pobreza extrema. Al contrario, la violencia común y organizada ha crecido alarmantemente y el narco se ha apoderado de geografías y estructuras.

Ahora es momento de redefinir procesos. Nos aquejan grandes males que asolan a los ex combatientes de ambos bandos y a toda la sociedad. No podemos seguir con el pasado a cuestas cargando el costal de los huesos de nuestros muertos, como el personaje de García Márquez. O esta “democracia” occidental la mejoran o la insatisfacción llevará a nuevas confrontaciones de otro signo.

Es necesario un nuevo salto, de quienes estuvieron en la izquierda y en la derecha. Pongamos a los dinosaurios políticos de ambos lados, en el museo de Estanzuela. Acabemos con “la perveridad del sistema político electoral”.

Fuente: www.sigloxxi.com


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