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Democracia de fachada
Por César Montes - Guatemala, 28 de septiembre de 2007
cmontes1@yahoo.com.mx

Algún columnista se permitió atacarme. No a mis conceptos sobre la democracia, sino a mi persona. Falacias contra la persona se denomina a esa forma falaz de responder sin argumentos.

Nos referimos al hecho de que las elecciones democráticas en el Cono Sur han llevado a regímenes que no son del agrado de los sectores de pensamiento más conservador.

Si no se hacen cambios y se está instalado en el retraso y la extrema pobreza, como Haití, que apenas está un poco mejor en índices de desnutrición, mortalidad infantil y materna que nosotros; en el subdesarrollo pues, no hay problema si los gobernantes son derechistas o militares; si hacen cambios al tomar el poder por elecciones, se les acusa de populistas y chillan todos los loros y guacamayas desde los periódicos, contra aquellos que se atreven a cambiar.

En Guatemala ni siquiera se puede hablar de socialismo. Hasta ser socialdemócrata antes era suficiente para ser eliminado físicamente, y aislado políticamente ahora.

El hecho es que a los gobiernos elegidos “democráticamente”, como Hugo Chávez en Venezuela, se les ataca irrespetuosamente por la Prensa y se les convierte en el centro de todos los males y las siete plagas de Egipto. Hasta en las campañas negras se utiliza la foto de Chávez y de Evo, junto a una serie de corruptos personajes nacionales para desprestigiar a un candidato.

Los “regímenes democráticos” no han podido llevar el bienestar social y el desarrollo económico a sus países. Un alto grado de corrupción es consustancial a esos gobiernos. La incapacidad para generar bienestar es absoluta. La clase media está desapareciendo y los pobres son cada día más pobres.

Las anteriores son expresiones de analistas y políticos serios, no lamentos de “chillones de la izquierda que no conocen las reglas de la democracia”.

Si esa es su concepción de la democracia, pobre servicio le hacen al concepto. Incluso, los procesos electorales son cuestionados nacional e internacionalmente. Ese es el caso de México, donde al actual presidente se le cuestiona legitimidad por el dudoso resultado electoral.

No se puede dejar en manos de quienes tienen más capacidad de invertir económicamente en campañas electorales, el carácter de electores “legítimos”. El resto de la población y los candidatos que no tienen grandes capitales para invertir están condenados previamente al fracaso.

En consecuencia, cualquier candidato que participe en “elecciones democráticas” debe venderse como mercancía, previo al suceso electoral. Llegar comprado, comprometido hasta el cuello, no es lo que deberíamos entender como el “libre juego democrático”. Sobre todo en un país donde el dinero del narco circula a millones.

Aquí se pueden comprar sicarios. Se puede simular un asalto para robar un vehículo y matar a quien sea. Se pueden comprar fiscales y jueces que orienten las investigaciones hacia donde no están los culpables. Y si acaso las investigaciones llevan a la captura de los asesinos, los fiscales y jueces proceden bien y se les condena, no hay pena porque el sistema carcelario es muy fácil de comprar. ¿Esa es la democracia? El país se derrumba como castillo de naipes y no queremos entender que debemos refundarlo.

Fuente: www.sigloxxi.com


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