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El movimiento campesino y los candidatos
Por César Montes - Guatemala, 19 de octubre de 2007
cmontes1@yahoo.com.mx

El aumento de la extrema pobreza en el campo ya no aguanta más.

Quienes pretendemos representar a los campesinos y a los mayadescendientes nos reunimos con Álvaro Colom para pedirle definición acerca de la problemática agraria.

La intención era buscar por medio del diálogo mantener posiciones y presentar puntos de partida para el próximo gobierno, sea quien fuere, y discutirlo con ambos candidatos. Al momento de redactar esto no había confirmado el ex general Otto Pérez Molina.

Pero, independientemente de lo que los presidenciables digan, ofrezcan o se comprometan, me parece pertinente hacer algunas consideraciones sobre el movimiento campesino. No son estas organizaciones un actor político cohesionado o por lo menos aliado por intereses comunes; más bien es una diversidad que compite entre sí y se enfrenta a veces. No hay una identidad común. Representan intereses y concepciones diferentes que no han podido ponerse de acuerdo en los caminos a seguir.

Algunos representan ahora nuevas siglas de supuestas organizaciones campesinas por el hecho de haber sido expulsados, marginados o caído en contradicciones con su inicial agrupación. Así, alguien que irresponsablemente y sin base alguna me acusó de introducir armas a una finca (San Rafael Sumatán, Yepocaca, Chimaltenango) ahora ya no es de Plataforma Agraria sino de otro nuevo colectivo, cuya representatividad me mueve al menos a duda.

La disputa por el control de grupos campesinos se atemperó, aparentemente.

Había representantes de proyectos campesinos exitosos de Rabinal, Chimaltenango y otras regiones del país. También representantes de organizaciones de choque que impulsan ocupaciones de fincas. Todos, preocupados por ser tomados en cuenta como protagonistas en el campo de un movimiento social desarticulado y debilitado.

Se hicieron críticas reiteradas al Fondo de Tierras, sin reconocer autocríticamente que la representación indígena y campesina en el Consejo del Fondo ha estado presente durante todo el período de existencia de una institución que llegó a entregar más de 60 fincas por año, y que ello significó miles de títulos de propiedad. Fue más de lo entregado por todos los gobiernos desde 1954.

Hay diagnósticos suficientes para retomar el camino de ese instrumento que es uno de los pocos de la institucionalidad de la paz. Las organizaciones campesinas tiraron el agua con todo y el niño por la ventana. Allí estaba también el ex gerente del Fondo, a quien le tocó conducir la institución en una época de mucha productividad y que fue interrumpida por acciones que deben revisarse autocríticamente.

Falta el sujeto político del agro que no necesite lobby de cúpula, sino que sea indispensable para la estabilidad y el equilibrio político su existencia, por su influencia, dimensión y madurez de acción.

El aumento de la extrema pobreza en el campo no aguanta más. La actual estructura agraria depauperante es fuente de crisis. Las organizaciones campesinas deben actualizarse, reinventarse, articularse, capacitarse y ser protagonistas de cambio, más que de choque. Quien gane la contienda deberá entender que es necesario para la gobernabilidad un movimiento campesino fuerte y representativo.

Fuente: www.sigloxxi.com


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