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¡Hasta siempre Comandante!
Por Carlos Maldonado* - Guatemala, 7 de marzo de 2013

El dolor embarga el alma de quienes creen fervientemente que siempre hay una luz de esperanza en medio de un mundo que a veces parece cerrarse a una vida digna, placentera y de desarrollo colectivamente humano para encumbrar a cada uno por igual.

Chávez, al principio un actor que se pensaba como cualquier otro, pronto demostró la diferencia. Su animado carácter, mezcla de optimismo, buen humor, sarcasmo para con los que él consideraba serviles y vendepatrias, templanza, prudencia, contundencia y firmeza, fue un líder máximo de su pueblo.

Con su ejemplo visionario supo señalar el camino a su pueblo. Un camino de independencia y soberanía con lo cual se granjeó la animadversión y el odio de, en principio, el Imperio y, en segunda instancia, de sus secuaces y lacayos. A estos a quienes siempre fustigó por adosar los intereses de sus amos en contra de los de sus propios conciudadanos, los condenó al desprecio histórico total.

Entre estos perrillos falderos del Imperio podemos contar a los dueños de los grandes medios de comunicación quienes se convirtieron desde antes de su elección como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela como sus más incidentes detractores, acudiendo incluso hoy, ya muerto Chávez, a la mentira, la intriga y la socarronería como medios para desprestigiar al caído líder. No podía ser menos pues no teniendo a la mano más herramientas que la ignominia en vez de la razón atacan descubriéndose con ello el odio a persona tan digna como el Comandante. Pero bueno, la luz siempre ha molestado a los que siempre se mueven en las tinieblas.

Adelante Comandante, usted pasó a engrosar la pléyade de luminarias que marcan la senda por donde los pueblos del mundo deben transitar para alcanzar una sociedad justa, digna y solidaria.

Desde su patria Guatemala, que para usted lo es por latinoamericana, le rendimos un merecido reconocimiento y le prodigamos un ¡Gracias! desde lo más profundo de nuestros corazones. Usted siguió el sueño de Bolívar que otros tenemos el deber moral y la obligación de concluir.

(*)Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala - Colectivo “La Gotera”

www.albedrio.org.


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