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Ahora son los trabajadores y nos los delincuentes los culpables de los males del Estado
Por Carlos Maldonado* - Guatemala, 25 de febrero de 2016

Pareciera que los códigos más importantes de este nuevo gobierno se orientan a seguir haciendo negocios corruptos. Ahora, no utilizando las estructuras del Estado como su antecesor, sino vendiendo el patrimonio institucional; de tal manera, que los signos más elocuentes son las que se diluyen a través de ciertos editorialistas y columnistas de los medios de comunicación que vendiendo su pluma a la oligarquía, sugieren desmontar estructuras estatales a las cuales el sector privado organizado, o sea, esta casta parásita, quiere echar mano para acrecentar su ostentoso e insultante patrimonio en un país de mendigos.

Tal es el caso del ataque sistemático en los medios a los sectores de la salud, educación, seguridad y otros a los cuales, no solo han sido eficaces sino impertérritos, los funcionarios provenientes de la oligarquía y sus lacayos, quienes desde sus puestos de poder donde han sido posicionados y desde la óptica controversial de su visión neoliberal, niegan o aconsejan negarles recursos denodada y parsimoniosamente a dichos sectores, saboteando así servicios tan elementales para cualquier población que exista en un país que se prime de democrático y republicano. Especialmente, a la más vulnerable e indefensa. Vieja y criminal estrategia con la que pretenden establecer que dichos sectores no son funcionales más que en manos privadas para seguir acumulando fortunas y hambreando a la gente.

Estrategia que raya en el cinismo y la vulgaridad al echarle la culpa de los males de la administración pública a sus trabajadores; pero con mayor empecinamiento, a los trabajadores organizados tratando de poner en la picota la cabeza de los acuerdos alcanzados por estos y su contraparte patronal como son sus Pactos Colectivos. De esa cuenta, han tratado de hacer creer a la opinión pública que han sido estos Pactos los verdaderos culpables de la debacle del Estado y no la sangría cotidiana, leonina, descarada y abyecta que altos y medianos funcionarios procaces han aplicado al erario público.

Es una copia barata del cuento de aquel pícaro que queriendo apropiarse de las ovejas de sus vecinos vociferaba; ¡allí va el lobo! Y, mientras los demás perseguían la imaginación del otro, éste cargaba con su precioso y ajeno cargamento. ¡Ve que de a huevo!
La necedad de aplicar recetas neoliberales, fracasadas por demás, pues no cumplieron con lo prometido: riqueza para todos a través del rebalse, aumento de empleo, bienestar y seguridad para la mayoría, estabilidad económica y crecimiento y desarrollo de los países, sino todo lo contrario, es un error histórico. Y querer echar la culpa del tambaleo del Estado sobre quienes han caído presa de su achicamiento: los trabajadores y la población entera, no solo es cínico sino delictivo. Pues el que promete prosperidad solo para atraer incautos votantes debe ser enjuiciado como aquel que atrae cándidos clientes y le vende mercancías defectuosas. Eso se llama fraude y es penado por la ley.

En conclusión: los Pactos Colectivos no solo han procurado un clima organizacional de respeto mutuo entre las partes firmantes sino han democratizado la visión de República y el fortalecimiento de los derechos humanos de las partes, mientras la corrupción y el latrocinio de unos cuantos delincuentes, entre funcionarios y personeros del sector privado, han provocado muerte, miseria e inseguridad a millones de habitantes del país. Eso, sin hablar del impago de sus obligaciones tributarias ante el fisco. ¿Ustedes que opinan, lectores?

(*)Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala - Colectivo “La Gotera”

www.albedrio.org.


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