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Para la izquierda es apremiante pensar en una era poscapitalista
Por Carlos Maldonado* - Guatemala, 8 de marzo de 2016

Existe una vieja discusión entre si el capitalismo está por caer o falta mucho para que esto suceda. Para ambas posturas hay seguidores y detractores. Pero, ateniéndose a la ciencia, que es a la que tenemos que rendirnos muy a pesar de nuestras inclinaciones religiosas, míticas o políticas, es indudable que hay señales inequívocas de su decadencia, lo cual no significa que esté a punto de extinguirse. Posición que podría catalogarse como ambigua, como aquella de: “probablemente quien sabe”. Sin embargo, no es nada descabellado si se piensa en la realidad que Ernesto “Che” Guevara plasmó contundentemente cuando expresó enfático que: las condiciones objetivas para el derrocamiento del capitalismo, existen, más las subjetivas (que no están maduras aún) habría que crearlas. Lo cual podría muy bien, dependiendo de esa maduración, adelantar o retrasar la irreversible sustitución de esta forma de producir que hoy nos domina.

La transitoriedad de la humanidad en el tiempo fue estudiada por muchos sabios, pero fue Marx y sus seguidores quienes realizando la mejor síntesis de todas esas contribuciones, concluyeron en una nueva teoría y una nueva línea del tiempo para el ser humano (comunidad primitiva, sociedades despóticas-tributarias-esclavismo, germánico-feudalismo, capitalismo, socialismo), comprendiendo con mayor certeza los engendros que dichas formas distintas de producir parían y estableciendo las conexiones lógicas de éstas con los mitos sustentados en proezas de los superhombres y titanes que las envolvían.

Es así pues, como, a través de la irrupción del marxismo y sus herramientas científicas de análisis e introspección, se desarrolló ostensiblemente, el entendimiento de cada estadio de desarrollo humano y sus distintas formas de vivir, de ver, de pensar las cosas consciente o inconscientemente, de configurar, en sí, su propia lógica, comprobado por medio del estudio de las diferentes fuentes históricas que cada una de ellas era temporal y que éstas eran sustituidas por otra superior que conservaba algunos resabios de la anterior. Por tanto, de ahí en adelante, ese capitalismo, donde nacimos y nos desarrollamos, no podría ser la excepción al igual que sus formas de producir predecesoras y subsiguientes.

No obstante, esa irrefutabilidad, la visión positivista calcada en la costumbre histórica ancestral de centrar los hechos en la vida de los grandes hombres quienes, casualmente, provenían de las clases dominantes, siguió dictando la lógica de que lo vivido, sentido, gozado, por los de arriba era lo válido y perfecto. Lo ejemplar y lo único a tomarse en cuenta para escribir el recorrido de los seres humanos en el tiempo. Tanto, que aún en pleno siglo XXI, dicha visión se siguió y sigue remachándose a las masas por parte de los medios dominantes a través de sus periódicos, revistas, textos, televisión y, claro, sus redes sociales. ¿Acaso no es lo habitual estar atentos a la historia de los ganadores y exitosos? Se insiste en promover por un lado y aceptar, por el otro, como general y normal y, a lo que todos, absolutamente todos, tenemos que aspirar (aunque jamás lo logre la mayoría), la vida de los integrantes de la farándula que a su vez reconstruyen la existencia de los grandes líderes del capitalismo y de empresarios y acaudalados, sus glamorosos amores, sus éxitos e inventos. Incluso, ataviar sus artilugios y estafas como travesuras; su consumismo irracional y despilfarro como desprendimiento y desamor a lo material; su frivolidad como aventura; sus genocidios, crímenes y transgresiones como ejemplo a seguir. Mientras que la historia de los dominados, en los pocos espacios donde se le da cabida en esos medios, es identificada con todo lo negativo. Con el crimen, la pobreza, el drama y la perfidia, la violencia y la traición, el fracaso y los sueños truncados. A menos, claro, que las experiencias de talento y emprendimiento personal de algunos miembros de la pobrería puedan ser utilizadas para remarcar que aún dentro de esas condiciones adversas se puede salir adelante. Matizada esa narración para hacerla ver como un esfuerzo individualista desprovisto de contexto con lo cual sus actores quienes se convierten en seres ahístóricos. Esto se da especialmente entre miembros emergentes de los barrios pobres o del campo quienes obnubilados por las lucecitas y las lentejuelas de la farándula caminan cual zombis hacia su explotación y utilización, aceptando no solo las condiciones contractuales de las grandes industrias del entretenimiento sino su manejo político e ideológico contra propuestas democráticas que se erijan consideradas como enemigas del sistema imperante. Así, son subsumidos en el mundo de las drogas y la frivolidad, para cuando sufran tropezones o caigan definitivamente en su extinción como superestrellas, volver a su reutilización en la explotación publicitaria de sus escándalos personales o del epílogo de sus vidas estrafalarias. El ciclo de la empresa del entretenimiento se renueva así con el brillo de los artistas cuando están en su cénit y se rematan con su declive, incluso con su muerte, inscrita en el olvido.

Empero, gracias a la visión marxista esa historia de seres, hasta ahora, invisibilizados, se trastoca en hechos épicos que emergiendo a la luz, ahora aportan sus propios protagonistas a la universalidad con sus hazañas de sobrevivencia en un mundo sin corazón, destronando a esa vieja forma de ver y enseñar la historia. Personajes anónimos que requieren del entendimiento de la historia científica para entender sus vidas coloreadas con valores humanos de coraje, solidaridad, valentía y honestidad pero en medio de una comunidad que sufre los embates del capitalismo que los quiere aplastar bajo la superficialidad de su marketing y remake.

A partir de ello, ahora a la par de la historia dominante, irrumpe la historia científica donde la vida de emperadores no se comprende sin tener como marco la vida de los campesinos que sembraron los campos; artesanos que moldearan los cuencos más rústicos de la sociedad incluyendo la de sus amos o soldados que engrosaron sus ejércitos. Sin embargo, la lógica dominante de hoy, se niega como lo hicieron los dominantes en el pasado, a ceder el paso al esclavo, a la plebe, al vulgar pastor, al apestoso cargador, al ignorante siervo o al borracho y sucio obrero. Menos a que se siente a su lado, pues, desde su perspectiva de clase dominante, su vida es perfecta sin esas contaminaciones. Perfecta, desde arriba y para los de arriba, mientras abajo la vida de sus integrantes no lo es en absoluto y, más que eso, no interesa. De tal manera que aún pesa, en el inconsciente de los dominados, especialmente en el capitalismo que ha encontrado y monopolizado las herramientas subjetivas para hegemonizar sus conceptos para lograr un pasivo consenso, las vivencias, los sentires de los dominantes. Sus formas retorcidas de pensar son absorbidas por los dominados, a tal punto que estos desean vehementemente convertirse en sus explotadores para gozar, para vivir holgadamente y, sobre todo, para explotar a sus otrora iguales. Las figuras atractivas del gentleman y la lady que ven en el espejo son en las que ansían convertirse.

Esa es parte, sino la principal, tragedia que se desprende de la atrofia social de los explotados al ser parte de esa clase dominada pero de no tener conciencia de ello. Y, por ello, defender los intereses de sus explotadores, de sus verdugos. La más límpida enajenación como diría Marx, la cual es edulcorada a su vez, con gotas de religión y taberna, con cucharadas de fruslería es lo que nos instiga a permanecer la mayor parte del tiempo en espacios comerciales donde la luminosidad y la limpieza (que la realizan trabajadores explotados también) nos hacen sentir parte de ese mundo, donde el espejismo del consumo irracional proporcionado por el crédito fácil para adquirir baratijas y chinerías, aumentan nuestras cadenas a través del endeudamiento eterno. Otra forma que han ideado los capitalistas para robarnos descaradamente lo poco que nos queda aún antes de adquirir los medios para subsistir.

La historia, desde una perspectiva científica, aún no ha podido trascender las barreras de esa visión hegemónica. Ha faltado fuerza, no por falta de compromiso sino por la escasez de comprometidos quienes tienen que traspasar su visión a través del enorme muro que representan los medios de comunicación dominantes. Cuestión que es una tarea titánica ya que el enfoque que trata de preservar el estatus quo, no solo está bien articulado, enquistado en la mente de los dominados (top of mind), sino financiado por las transnacionales para evitar que las masas logren destrabarse de esa cosmovisión. Sin embargo, es imperativo realizarla para coadyuvar al triunfo de la revolución mundial. Una cuestión de vida o muerte pues la clase hegemónica persiste en pensar y hacer pensar que los demás somos sus esclavos y nuestras escasas posesiones, su patrimonio; llevando esa visión a sus más execrables consecuencias para los pueblos y naciones que viven de ellos o que dependen de su explotación racional, al usurpar bienes que sus ancestros jamás hubieran pensado en adueñarse como son grandes extensiones de recursos terrestres, marítimos, lacustres, fluviales, aéreos y del subsuelo. Sino, el clásico ejemplo, de las guerras imperialistas que han llevado a cabo los EEUU y sus secuaces bajo el argumento de extender la libertad y la democracia cuando está más que demostrado que sus motivos han sido para apoderarse del patrimonio de otras naciones y pueblos a quienes han inundado de muerte, miseria, dolor y desesperanza. Conflagraciones que, sin embargo, sus motivos, por demás ridículos e inverosímiles, han sido y continúan siendo apoyados por una gran mayoría planetaria a pesar de lo diáfano que resultan sus devastadores efectos.

Por todo lo anterior, la izquierda que blande la bandera del socialismo científico, en una o mayor medida, por antonomasia, deberá asumir también la historia científica, evitando caer en el juego de los ideólogos del sistema que pedirán que ésta se acople a las estructuras establecidas por el Imperialismo y sus rémoras oligarcas en todo el mundo.

Deberá avocarse y retransmitir (remake) el contenido de los medios independientes y alternativos que bajo un halo profesional periodístico cuentan la verdad del acontecer en el planeta. Deberá, obligadamente, incorporar en sus estudios los análisis no solo de los clásicos del marxismo sino de los opinantes alrededor del mundo que apuntalen la visión de la temporalidad histórica del capitalismo y que en su decadencia, planteen un sistema económico que ayude a bien morir a éste y evitar una catástrofe nuclear que bien podría proyectarse, como revancha, la clase psicópata imperialista lo cual haría retroceder a la especie humana a estadios ya rebasados y aniquilar a las demás. Convencer con estudios serios a los artífices de la economía mundial, que por lo regular no pertenecen a esa clase parásita oligárquica, que al ritmo de la locomotora neoliberal no habrá ni prosperidad ni seguridad para ninguno, por tanto, la necesidad de ir construyendo desde ahora una estructura transitoria que controle el descarrilamiento que ya presenta el capitalismo a nivel mundial es imprescindible. Y, por supuesto reforzar los pequeños espacios donde la historia científica se debata para ir configurando la nueva visión del mundo en la que el ser humano sea el centro de éste y propagarla a través de esos medios independientes o a través de los que forjemos nosotros mismos.

El tránsito hacia nuevas formas de producir, distribuir, consumir y reconstruir la vida miserable que ha dejado y dejará aún el capitalismo para millones en el planeta tendrá que ser bajo la modalidad del bien común, la solidaridad y la honestidad, lo cual debe pasar primero por el convencimiento de que las formas anteriores no han logrado ni la felicidad ni el desarrollo pleno de todas las capacidades del ser humano. Por tanto, la sociedad humana debe trascender bajo otras premisas, entendiendo que el capitalismo, al igual que sus antecesores, pervivirá indudablemente junto al emergente, pero ya sin la fuerza ni el poder que hoy tiene tanto en lo económico como en lo ideológico. Tal como lo hacen en el presente algunas formas de producir que rememoran a la comunidad primitiva, al esclavismo, el feudalismo, o dibujan las dominantes del futuro como algunas condiciones productivas basadas en la propiedad comunal socialista.

Quizá, pensar que veremos pasar, impasibles, el cadáver del imperialismo frente a la puerta de nuestra casa haya sido el error de los que nos adscribimos a la izquierda planetaria. Hay que luchar día con día para restarle su fuerza económica y, sobre todo, su poderío en el mundo de las ideas.

* Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Colectivo de Acción y Reflexión Política “La Gotera”

www.albedrio.org.


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