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El periodismo que salvará al mundo
Por Carlos Guillermo Maldonado* - Guatemala, 8 de julio de 2016

Ese incorregible radical del siglo XVIII, Adam Smith, hablando de Inglaterra, dijo que los principales arquitectos del poder eran los dueños de la sociedad –en su día, los mercaderes y los fabricantes– y ellos se aseguraban de que la política gubernamental atendiera escrupulosamente a sus intereses, por más doloroso que resultara el impacto para el pueblo inglés; y peor aún, para las víctimas de la salvaje injusticia de los europeos en el extranjero.(1)

Sentencia de una claridad profunda dicha hace casi tres siglos por Adam Smith, ideólogo que la oligarquía inculta ha querido apropiarse absurdamente sin tener la capacidad de comprenderlo en toda su dimensión, y cuya verdad es aplicable a nuestros días de una forma casi perfecta. A no ser porque en ese tiempo el capital financiero igual que un agujero negro que traga cualquier cosa, no existía con la sofisticación de hoy, la realidad no ha variado mucho en su esencia.

Las ambiciones de la oligarquía mundial han incrementado la miseria humana a través de guerras, insalubridad, falta de educación, deterioro acelerado del clima, marginación de parte de la gran mayoría de la población planetaria con respecto a la ciencia y otros desmanes que constituyen materia prima de las planas noticiosas que si bien, nos presentan su catástrofe diaria, no profundizan en sus causas. Causas que subyacen en el régimen de propiedad.

Una condición fundamental para provocar el debate urgente acerca del cambio social global es la información, porque seguir ocultando o tergiversando la realidad es un obstáculo para que los receptores no cuestionemos el sistema caótico en que vivimos y por ende creamos que no es factible su cambio. Es una estrategia para aceptar la situación actual como insuperable.

El periodista comprometido con el futuro del planeta es el garante que los pueblos salgamos de esa modorra desinformativa, de lo contrario, la humanidad está en peligro real de extinción.

El propio pueblo estadounidense, habitante de la nación más poderosa en todos los tiempos, es el pueblo más engañado, más manipulado y peor informado a pesar de los medios que posee para acceder a una información veraz. Bombardeado por la labor mediática de las transnacionales de la información es cautivo en una burbuja degenerativa donde la propaganda, la pornografía y los videojuegos lo embotan y embrutecen condenándolo a la estulticia. Si eso es en Estados Unidos qué no será en nuestros países. Entre atiborramientos consumistas y violencia, la prensa se reduce a trasladarnos pornografía violenta (cuerpos ensangrentados, mutilados, despedazados, dolor, lágrimas, desfallecimientos y rictus postmortem) y por supuesto, la sentencia del Imperio, la cual es retransmitida en editoriales y ensayos insulsos y mentirosos de mercaderes de la tinta, el sonido y el video que mascullan esa plana para imponernos su verdad.

Sé de excelentes periodistas, de su calvario por no violar la ética y los principios. Sé que realmente desean informar mas se enfrentan al monstruo de las siete cabezas representado por los mercantes de la palabra quienes a costa de la verdad no escatiman en cometer violaciones a cambio de migajas por obedecer los designios imperiales. Sin embargo, con la fe en el axioma de que la mentira tiene patas cortas, confiamos que éstos tendrán que hacerse a un lado para dar paso a un periodismo ético y auténtico que poco a poco se está construyendo, incluso, en las mismas entrañas del monstruo.

Los periodistas que se precien de serlo no pueden seguir apoyando directa o indirectamente una plana mediática mentirosa, frívola y necrófila. Es tiempo de frenar esa farsa y señalar las causas profundas de los problemas que nos aquejan, a nivel local y mundial; desenmascarar a los responsables de esos abusos y tergiversaciones y encontrar soluciones en un ejercicio profesional, social y participativo.

Deben ser los impulsores del cambio social, en su respectivo campo, que pasa por decir la verdad para salir del laberinto de falsedades en que estamos sumidos.

1) Noam Chomsky en su artículo LAS ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS: ATROCES Y EQUIVOCADAS, en Revista Digital ENTORNO, Boletín Especial de Cubarte, Año 8 Número 90 del 08 de noviembre de 2010.


* Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala.

www.albedrio.org.


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