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Algunas apreciaciones acerca del carácter perverso del Imperio yanqui que no debemos olvidar los revolucionarios
Por Carlos Guillermo Maldonado* - Guatemala, 29 de julio de 2016

Los medios dominantes dan cuenta de que ya hay dos candidatos para la presidencia de EEUU: Hillary Clinton por el partido Demócrata y Donald Trump por el Republicano. Lo que no dicen estos medios, que más se les va en pregonar la parafernalia de las convenciones de ambos partidos, lo carnavalesco y eufórico de dichas actividades, es que ambos personajes, a su estilo cada uno, son mensajeros de muerte y guerra. Representantes del continuismo de un sistema que, a todas luces, ha demostrado su fracaso evidente en proporcionar la mayor cuota felicidad posible, no solo a sus propios ciudadanos sino a los del planeta.

Por un lado, la psicópata Hillary, cuya desviación mental fue demostrada ampliamente en público cuando hizo alarde su gozó y placer al enterarse en los medios y las redes sociales acerca del asesinato del líder Muammar Gadaffi a manos de una turba que lo linchó como epílogo de la agresión imperialista a Libia, el país más próspero y con mayores esperanzas de vida del África actual, por parte de la fuerza aérea estadounidense y sus adláteres europeos. Por el otro, el racista y xenófobo Trump, que ha prometido levantar un muro en la frontera con su vecino del sur, México, para evitar que los ciudadanos de ese país y los ciudadanos de otras latitudes de América Latina y el mundo crucen por su inmensa frontera hacia EEUU.

Estos dos caricaturescos y perversos personajes son la encarnación grotesca del declive de los otrora poderosos EEUU, tanto en lo económico, lo político, lo moral y, ahora, en lo militar. Su economía, poderosa aún, parece una balsa a la deriva en un mar fluctuante cuyas grandes olas son provocadas por economías emergentes como China Popular y Rusia y en conjunto los BRICS. Su aparente vigor se ha fincado principalmente en su industria armamentista y en la dinámica especulativa lo cual aparenta una estabilidad que se vuelve endeble y ficticia al no sustentarse en la producción sino en los supuestos y los intereses de unos cuantos que controlan la información bursátil. En lo político, su potente voz que antes era casi un mandato soberano en el seno mismo del Consejo de Seguridad de la ONU y, por ende, en el mundo, se ha trastocado por un rezongo que ha recurrido con mayor profusión al chisme y a la intriga palaciega para conseguir sus objetivos. Ahora, muchos desconfían de su mensaje, pues la mayor parte de lo que afirma lo desdice al dar la vuelta; las naciones dudan de su palabra, incluyendo sus aliados más próximos. Ejemplos, muchísimos si se revisa la historia de su actuar en las relaciones internacionales a lo largo de estos últimos 50 años.

En lo moral, su hipócrita actitud y su actuar sedicioso, se ha mudado en un espíritu de depresión nacional, con serias inclinaciones suicidas, una psicopatía generalizada que se evidencia en el proceder represor y asesino, no solo de sus fuerzas públicas y militares, sino de muchos de sus ciudadanos mentalmente enfermos a consecuencia de las secuelas traumáticas de las guerras donde han actuado y siguen actuando los EEUU; de las drogas, al ser este país el primer consumidor mundial de estupefacientes y del guión xenófobo y racista que está implícito en su propaganda comunicacional de paranoia que transmiten a sus ciudadanos a través de los medios de domesticación controlados y financiados por la elite blanca, manifestándose ello en un entorno policiaco de control y violencia que se ejerce primordialmente contra otra parte de sus compatriotas a quienes consideran inferiores y despreciables (negros, latinos, gays, discapacitados, pobres y otras minorías que representen para ellos un obstáculo a sus glorias pasadas, a su estilo de vida o a sus ambiciones lucrativas). Y, en lo militar, a ojos vista, han sido rebasados por el poderío ruso demostrado en el campo real de batalla en Siria e Irak, donde como suele ser su cobarde comportamiento, enfrentaron al ejército sirio a través de bandas mercenarias takfiries reclutadas, organizadas, entrenadas, financiadas y apertrechadas por ellos, léase Isis o Daesh, el Frente Al-Nusra, el Ejército Libre Sirio y otros, con el fin de desmembrar a la República Árabe Siria para lograr el control de la zona y hacerse de sus recursos energéticos, sabotear los megaproyectos de la Ruta de la Seda planeados por la cooperación chino-rusa y rodear a Rusia con bases militares neutralizando a su vez a China. Sin embargo, Rusia aprendida la lección de Libia, actuó a tiempo prestando ayuda oportuna a su aliado estratégico, Siria, enviándole pertrechos militares de última generación e instructores desbaratando la guerra que estaba destinada a ser ganada por los mercenarios takfiries dándole un giro sustancial al menguarles poco a poco la capacidad de fuego de estos quienes fueron perdiendo zonas importantes del territorio sirio e iraquí que habían ganado para la causa imperial.

Rusia demostró así su superioridad tanto armamentista, diplomática y estratégica, ante el más poderoso ejército mercenario armado por EEUU, perdiendo éste no solo credibilidad sino quedando al descubierto ante la comunidad internacional su compromiso con el terrorismo al que en escenarios diplomáticos dice combatir. Por si esto fuera poco, Irán, Irak y Hezbolá salieron fortalecidos al aliarse con Putin y recuperar el control de esa zona estratégica del planeta. Tanto que EEUU ha tenido que cambiar su postura primigenia con respecto a la región, pero sin que ello signifique que ha dejado olvidados sus planes originales. Al contrario, cualquier rendija que quede descuidada será aprovechada por la Casa Blanca para volver sobre sus pasos. De ello cuenta incluso, su antiguo aliado en la zona, la Turquía de Recep Tayyip Erdogan, quien experimentó la puñalada trapera de Washington que planificó y propició un golpe de Estado al establecer que los otomanos volteaban su mirada hacia el oso ruso que le prometió estabilidad y paz con su vecina Siria y buenos negocios.

Ante la crisis sistémica imperialista del capital, cuyo principal exponente son los EEUU, no le queda a este más que arreciar su política guerrerista al no contar con otra salida que la de agenciarse de recursos a la fuerza para sostener el ritmo de vida endiabladamente pernicioso de sus elites y clases parasitarias y mantener una posición de influencia mundial ante las nuevas condiciones que el mundo presenta y que Washington, aún a regañadientes, tendría que aceptar. Empero, esto no es más que una táctica de repliegue en su estrategia de volver a ser el amo del planeta, aún así las evidencias muestran claramente que la autodestrucción se avecina no solo para EEUU y otros países en su órbita de influencia o considerados enemigos si sigue con esa dinámica rapaz.

Los que han entendido dicha espiral funesta, saben que la región, la más cercana a EEUU es la más proclive a sufrir sus embestidas. Refiérome a países del cono sur que se han distanciado de los designios de Washington, léase, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, mientras para los otros ha tenido un éxito temporal en establecer gobiernos leales a sus políticas, pero ese triunfo será mientras sus pueblos no digan lo contrario. Por el momento, en nuestra región mesoamericana, la dinámica ha sido la del Triangulo de la Prosperidad, cuyo laboratorio de experimentación ha sido nuestro país por su posición geopolítica.

En él Washington ha decidido hacer una purga de parásitos que chupan al Estado para evitar una explosión social que se veía venir y la cual no merece, según sus apreciaciones, que estalle porque se corre el peligro de que se radicalice en vistas a un proyecto bolivariano. Para ello, se ha apoyado en la oligarquía más visionaria, compuesta por los industriales y los comerciantes, depurando un tanto las instituciones para dar la impresión a los ciudadanos de estos lares, quienes nunca habíamos sido testigos de sanciones a los corruptos, de una verdadera revolución. Sin embargo, esos cantos de sirena para las mayorías servirán para seguir siendo utilizadas como mano de obra barata, con algunas ventajas ínfimas en el plano social, mientras el gran capital continuará haciendo grandes negocios con nuestros recursos energéticos y naturales, incluyendo la tierra y controlando el aspecto político del poder, logrando levantar la trinchera que delimitan su frontera de seguridad. Como se dice cambios para que no cambie nada.

Por ello, tanto si gana Clinton o Trump, que para nosotros es igual, el muro se ha empezado a construir. Un muro que no necesita ladrillos sino migajas y represión, trabajo aunque sea mal pagado y controles policíacos cada vez más férreos, a imagen y semejanza de la sociedad norteamericana. Ante este placebo siempre se rinde cierta izquierda que se auto nombra pragmática quien, echando a la basura el concepto marxiano de la lucha de clases, se une al corifeo de la oligarquía y el Imperio entonando loas al desarrollismo, la igualdad, la democracia y la libertad burguesa. De esa cuenta, nada más irreal para ese sueño libertario que el espejismo que nos quieren hacer creer con los juicios a algunos corruptos que se engolosinaron con el erario público y a ciertos represores del pasado. Mientras nuestros pueblos viven el sueño de la sociedad igualitaria, moderna y democrática, Washington puede estar tranquilo en esta zona persiguiendo sus objetivos de control y afianzamiento de su patio trasero, no importándole deshacerse de algunos de sus antiguos colaboradores. Eso hay que tenerlo claro y para ello, traigo a colación dos frases emblemáticas dictadas en momentos determinados de la historia por algunos de sus más altos funcionarios para recordar esa forma de actuar del Imperio:

“Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”
. Agregándole a ello que, mientras esos hijos de puta les sean útiles los seguirán sosteniendo porque: “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses”


* Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala. - Colectivo La Gotera

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