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Medio oriente: el Stalingrado de la Humanidad
Por Carlos Guillermo Maldonado* - Guatemala, 13 de octubre de 2016

Para mucha gente, la vida transcurre sin mayores resquemores que los propios del día a día. La mayoría no le interesa el mundo más allá de la estación del transporte que lo lleva al trabajo y de éste a casa. Sin embargo, las situaciones que se viven hoy y que llegan esporádicamente para la mayoría del público a través de algunas notas breves en los diarios, son sombrías y enigmáticas para unos cuantos e indiferentes para la mayoría.

La guerra en un lejano país –Siria- se lleva a cabo mientras muchos tomamos el café, nos sentamos a leer el diario, vendemos productos en las calles o almacenes, acomodamos las cajas en las estanterías, reparamos vehículos, hacemos la limpieza al ritmo de una vieja canción de la juventud, estudiamos, paseamos, bailamos o nos divertimos, etcétera. No obstante, ese país tan lejano que ni siquiera sabemos dónde está ubicado, cómo es, cómo es su gente, cómo se comportan, que costumbres tienen, que creen, que comen o como hacen el amor, es clave para el futuro del mundo hoy conocido. Y, no porque el mundo como está estructurado hoy sea lo mejor que nos ha ocurrido, sino porque para el ser humano cualquier cambio es perturbador, desconcertante e ininteligible por lo tanto temido. Preferimos el, mejor lo viejo conocido que lo nuevo por conocer; empero, para millones de sirios la vida cambió radicalmente desde que los terroristas entrenados y financiados por EEUU y los países europeos, en sus ansias de lograr el control de los recursos energéticos y naturales del medio oriente, los condujeron a patrocinar dichas conflagraciones, sin importarles en lo más mínimo, la pena, el dolor y la miseria que iban a producir a esos pueblos. De tal manera que hoy, Siria y la región entera alrededor de este foco de guerra, se debate en la inseguridad y el escepticismo acerca de su futuro.

Establezcamos dos escenarios. Uno, si Siria, a pesar de no ser derrotada entra en una espiral de guerra de desgaste por las bandas takfiries apoyadas por el imperialismo anglosajón encabezado por EEUU, es muy probable que permanezca en un estancamiento violento que no le permitiría avanzar hacia un desarrollo nacional y regional.

El imperialismo, envalentonado con ese pírrico triunfo, enfocará sus lances contra China para debilitar el terreno que sostiene a la gran nación asiática y mermar las posibilidades de avance económico y tecnológico de esta con las naciones del sudoeste asiático y occidente. Esto supondría además, un aislamiento más férreo contra Corea del Norte para provocar movimientos de sedición a lo interno de sus fuerzas armadas que culminen con un golpe de estado contra su gobierno buscando con ello un gobierno proclive al imperio y por ende la derrota total de su revolución popular.

Esa mayor libertad que propone un apoyo irrestricto al terrorismo internacional que significaría atacar con banderas falsas a gobiernos que han escapado fuera de su órbita, le daría la oportunidad ya con el desgaste de Rusia y China entretenidas en apagar sus propios incendios, lanzarse ferozmente contra Venezuela para extirpar de una vez por todas, la rebeldía fraguada por Hugo Chávez seguida por Nicolás Maduro y su pueblo revolucionario para dejar de último a la rebelde Cuba como postre del festín sangriento.

Esos acontecimientos, brindarían una bocanada de aire puro al capitalismo que, menguadas sus fuerzas por sus propias contradicciones basadas en una producción masiva de mercancías que las mismas masas que las producen no pueden consumir por la depreciación de sus salarios como medida de los mismos capitalistas para evitar la caída de la tasa de ganancia a nivel mundial, languidece herido pero con ganas de llevarse consigo a cuantos osen ponerse en su camino decadente antes de poder planificar una transición más gloriosa que le permita a sus elites seguir manteniendo el control.

Escenario dos. Si las bandas terroristas son derrotadas irreversiblemente y expulsadas de Siria y la región, como se plantean las naciones emergentes con Rusia, Irán y China a la cabeza, EEUU y sus socios europeos perderían la guerra en esa parte del mundo y tendría que pactar un paso transicional, quizá previsto pero jamás aceptado por ellos para dejar el terreno libre a esas potencias vencedoras de este interludio, debiendo aceptar la nueva realidad de un mundo multipolar. Tendrían que arrinconar en el baúl de los recuerdos a las alas guerreristas de sus respectivos gobiernos para situar a personajes más pragmáticos en consonancia con el nuevo orden mundial para que dirigieran sus naciones. Esto, obviamente traería un entreacto de paz mundial.

Esta que es una visión solo desde el punto de vista geopolítico y militar, tiene que fundamentarse y sumergirse en las verdaderas motivaciones del imperialismo a nivel de concepto global, que nacen en la cuestión económica. Allí puede verse claramente que esas conflagraciones mundiales obedecen a la competencia bestial entre la representación moderna del imperialismo, las transnacionales, predominantemente yanquis y de la unión europea contra las de los países emergentes, aglutinados específicamente en BRICS y últimamente en los que gravitan alrededor de la Ruta de la Seda y la de los países de la ASEAN. Todas ellas, que no son más que sociedades mercantiles o industriales establecidas en varios países cuya influencia mercadológica distorsiona el mercado al imprimir la figura monopólica en ello, a pesar de que sus múltiples ideólogos expresen que el libre tránsito de mercancías y trabajadores, es el que promulgan y promueven, son las que compiten encarnizadamente entre sí. Sin embargo, son las que, sus casas matrices se ubican en EEUU y la Unión europea, las que vienen financiando las diferentes agresiones en diferentes países y regiones de planeta con el objetivo de lograr el control de las zonas de explotación de recursos y mercados. No obstante, esa es una delas grandes contradicciones de esos conglomerados empresariales ya que esas producciones tienen que traducirse en ganancias por la venta de sus mercancías las cuales se restringen cada vez más al irse reduciendo los mercados por la misma inseguridad y destrucción a nivel mundial. Por un lado, manifestado esto en el retroceso de los estados de bienestar por parte de gobiernos afines a estas transnacionales, específicamente en las áreas controladas por los consorcios yanquis y europeos, lo que obliga a las masas trabajadoras a restringir su consumo severamente ya que lo que antes tenían cubierto, especialmente salud, educación, pensión, hoy lo tienen que gastar en pagar sus otrora conquistas sociales. Y, en otros por la guerra donde las poblaciones no solo pierden la mayor parte de sus bienes, sino la vida misma; por tanto, no están en capacidad de comprar nada.

En ambos casos, la tasa de ganancia a nivel global de las empresas multinacionales capitalistas se ve afectada, pero especialmente las aglutinadas en la zona controlada por EEUU y Europa occidental. Empero, la competencia que es consustancial a cualquier actividad capitalista empresarial, escapa al control de estas lo que termina insertándolas en un círculo vicioso que a la larga se agrava por la tendencia imparable a la baja de esa tasa media de ganancia a nivel mundial.

Por tanto, estamos siendo testigos directos e indirectos de la pelea en el campo de batalla militar y geopolítico entre transnacionales, siendo las que obedecen a capitales anglosajones las más belicosas, cuyas juntas de accionistas no han escatimado costos, incluyendo el financiamiento a ejércitos de mercenarios con tal de seguir controlando o lograr controlar los yacimientos de recursos energéticos y los recursos naturales de los pueblos.

Del otro lado, la emergencia de transnacionales de potencias nuevas con una visión más civilizatoria pero al fin y al cabo con la semilla de todos los males: la ganancia capitalista, quienes también en el plano planetario buscan posicionarse en campos controlados hoy por las viejas y anacrónicas multinacionales que hoy dominan, con la única diferencia que aquellas traen una nueva visión de las relaciones internacionales, de preservación del ambiente y una buena administración de los recursos renovables y no renovables y una nueva perspectiva del uso de la tecnología para beneficio humano y el desarrollo.

En esta coyuntura histórica, entonces, hay que abrazar la causa de la resistencia árabe liderada por Irán, Siria, Hezbolá, Ansarolá en Yemen y Hamas en la franja de Gaza, Palestina apoyados todos sus esfuerzos por Rusia y China en menor grado, donde se juega la disyuntiva de seguir aguantando la bota gringa y sus secuaces europeos o dar un salto cualitativo con las potencias emergentes.

Para los revolucionarios, esta definición táctica es muchísimo más plausible con la revolución socialista mundial pues si triunfa y se afianza el grupo de la resistencia mundial contra el imperialismo yanqui, se abre una perspectiva de paz primero, para pasar a la lucha política después, por la emergencia del socialismo que establece liberar las fuerzas productivas presas en la vieja jaula de las relaciones productivas capitalistas que ya no tienen salida alguna, aún así opten por una guerra que al final de cuentas solo seguirá destruyendo a la fuerza productiva más importante, el ser humano, y al planeta. Dos factores fundamentales para su sobrevivencia.

Si al final, todo ello derivará en socialismo es un largo debate que tenemos que continuar los que abrazamos la causa de la revolución mundial. Por el momento, es necesario apoyar en todos los ámbitos y con todos los medios la lucha de los pueblos en Medio Oriente donde se esgrime el futuro de la humanidad entera. El Stalingrado a nivel mundial hoy.


* Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala. - Colectivo La Gotera

www.albedrio.org.


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