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Documentos del archivo
Por Carmen Matute - Guatemala, 9 de mayo de 2004

Es indudable que la guerra civil -me resisto a llamarla "conflicto interno armado" con esa ligereza habitual con que lo hacen muchos- que vivió Guatemala durante treinta y seis años, ha marcado en una forma u otra su literatura, al igual que lo ha hecho con otras expresiones del arte.

Ahora, a pocos años de haberse firmado la paz, surgen libros que van revelando lentamente ese oscuro período de nuestra historia, en el cual muchos de los actores principales fueron los sujetos más tenebrosos. Y no necesariamente la literatura actual se refiere a los enfrentamientos en las montañas, o los campos minados, o las batallas militares que se libraron en el suelo guatemalteco, sino también a las secuelas que nos dejó la guerra. A esa herencia sombría, turbia, amarga, que nos legó, y que produjo una sociedad enferma.

Dentro de esa nueva literatura se inscribe Documentos del archivo, el último libro de Juan Fernando Cifuentes, que reúne una colección de once cuentos bajo un título que impresiona por sus propias implicaciones. En ellos se reflejan muchos aspectos de la historia reciente de nuestro país, aunque desde una perspectiva diferente en la que se mezclan realidad y ficción, elaborada por el autor en sus relatos a partir de lo que algún día fue secreto y cuyo producto son estos cuentos breves, unidos a la historia que hasta hoy puede conocerse aunque esté velada por la fantasía.

Precisamente, los dos primeros epígrafes al inicio del libro afirman que "Toda verdad es una ficción" "o viceversa", y un tercero: "Ficción histórica es una contradicción". Sin embargo estos cuentos, que pueden ubicarse en un lugar y un tiempo reales, por momentos parecen pesadillas o alucinaciones tomadas de un mundo irreal.

Cifuentes nos abre dimensiones intuidas, a través de las cuales accedemos a personajes sujetos a su propio miedo, a su cobardía, a su capacidad de traición. A partir de hechos que ocurrieron en el país en un pasado no muy lejano -como el secuestro y muerte del embajador alemán Von Spretti, el asesinato del Director de la Policía Secreta, conocido por el apodo "Siete Litros" , o el famoso caso de Frank Costello involucrado en la mafia americana- Juan Fernando Cifuentes va creando su propia ficción en estos cuentos que son retrato preciso de nuestra sociedad tal como efectivamente es: represiva, violenta, corrupta, sacralizada, y por tanto, hipócrita. Ferviente practicante de la doble moral.

A pesar de afincarse en una realidad, sus cuentos no son, en forma alguna, un testimonio ligado a los acontecimientos que sucedieron en la época más oscura de la represión. Eso sería demasiado simple. Cifuentes recrea los años de la guerra y también los de la posguerra, que inevitablemente marcaron a los actores de uno u otro bando, para pintarnos un paisaje lleno de desesperanza, que se extiende a la ciudad de Guatemala donde se desarrollan estas historias, algunas de ellas sorprendentes por sus desenlaces inesperados.

Historias urbanas que suceden en una ciudad donde la corrupción funciona eficientemente, como en el cuento Mercedes Caliente, en el que un funcionario público ha comprado un automóvil de dudosa procedencia, que le roban a su esposa otros pícaros. Lo cierto es que los cuentos de Cifuentes nos colocan ante un panorama bastante desolador, en el cual no hay optimismo ni esperanza para los habitantes de esta ciudad sombría, donde las fotos de los muertos aparecen en "pasquines semanales que explotan el morbo de la masa medio analfabeta", donde no se puede confiar en nadie porque el sistema funciona a base de comprarle la conciencia al otro.

El ambiente falso basado en la mentira, el disfraz o la intriga, el entorno en que se desarrolla la vida de estos personajes los va socavando hasta que terminan adaptándose, ajustándose a un código no escrito que los hunde en la miseria espiritual y los contagia de una depresión colectiva. "La oscuridad era depresiva, como su alma" nos dice el narrador al referirse al personaje masculino de Crónica de un día tal, mientras hila la historia de este hombre, decepcionado de todos -incluso de si mismo- que se siente inmensamente solo a la par que harto de la vida, de su propia vida.

Acosados por su propio destino, no todos los personajes de este libro llegan a vivir, ni siquiera una vida llena de desencanto y falta de esperanza. Muchos mueren, por cierto, en circunstancias llenas de violencia. De manera que la muerte como presencia ominosa en estos cuentos es una constante, es otra protagonista, por cierto una de las más notorias. En realidad la muerte ha sido uno de los temas más trabajados por Cifuentes; recordemos por ejemplo Muerte sin complicaciones, que ya desde el título nos anunciaba el tópico que prevalecería en sus páginas.

Junto a la violencia, la muerte pinta sus textos de un rojo vivo. La sangre tiñe con su vivísimo color los relatos de Cifuentes, pero el autor no se regodea en ella. Y a pesar de que uno de los cuentos más brutales brota como un "caliente surtidor", el autor- sin truculencias- se limita a describirla, casi lacónicamente, como un elemento "que tiñe la mañana y las rosas".

Los cuentos que integran este libro de Cifuentes son inquietantes, como lo es también, su mirada crítica. Su voz, es la de su época: la frustración, la amargura, el desencanto, impregnan estos textos que parecen auténticos documentos de un archivo desclasificado. Si aceptamos como cierta la afirmación que el escritor es el espejo de su sociedad y su tiempo, entonces no cabe duda que Juan Fernando Cifuentes en este libro es el espejo que refleja una sociedad enferma, agostada espiritualmente, en la cual para sobrevivir hay que "repasar el decálogo que reconforta", aprenderse todas las recomendaciones y repetirse hasta la obsesión la frase "ver para atrás constantemente".

Fuente: Diario La Hora - www.lahora.com.gt


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