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Sobrevivir en el ocio
Por Claudia Navas Dangel - Guatemala, 13 de febrero de 2007
cnavasdangel@yahoo.es

Si en Guatemala se sobrevive, porque vivir es ya una utopía, digo, por los Derechos Humanos, la dignidad y todo aquello que la Constitución promete, como si fuera candidato a presidente, y luego nada, pues qué mejor que sobrevivir con gusto, de forma satisfactoria, sin tener pesadillas previas a la madrugada, sin llegar al chance que tanto se odia, sí, ese en donde la jefa, amargada y pasada en años, acosa al pobre hombre, porque no todos los casos de acoso nos suceden a nosotras. Ese trabajo que es sinónimo del cuchicheo de las chismosas que, café en mano y entre sorbo y sorbo, sustraen todas las cualidades del o de la compañera de trabajo, basándose en que si su ropa es liviana así mismo será su moral (no morral de esos que usamos de bolsas) o que si su gesto es apacible seguro sufre mucho la pobre, tonta porque el marido le quema el rancho o viceversa. O bien esos “compañeros” de labor que bajan los anteojos para mirar mejor, como en la Caperucita, las piernas que por fin descubre un vestido guardado en el closet por años para evitar precisamente eso y encima, escupen comentarios lascivos.

Si, sería mucho mejor, si de sobrevivir se trata, hacerlo con entera libertad, haciendo lo que mejor nos plazca, venga en gana o atinemos que, además, suele ser en muchas ocasiones, aunque mal remunerado, un trabajo más feliz. Y no sólo porque uno hace lo que le gusta, sino porque ocasiona sonrisas, risas y buenas vibras a quienes se entretienen y a quienes pagan (ya sea con aplausos o colaboraciones), que suelen ser mejores jefes que los que gobiernan con tarjeta para marcar la entrada, con códigos de vestimenta y comportamiento para ciertas horas del día y que encima, nunca les gusta nada, porque las cosas suelen estar bien si y sólo si, ellos o ellas han metido mano en el asunto.

Si de sobrevivir se trata, yo apuesto, mentira, yo trabajo en una oficina, por suerte sin carceleros, horarios y fisgones, pero he pasado por esos lugares. Continúo, apuesto o aplaudo, mejor dicho, por quienes van por sus sueños y dejan que sean ellos los que rijan su existencia. Digo, me alegra saber que en el mundo hay Panchorizos, por ejemplo, y cuentacuentos (hoy si lo escribí bien) como Alexis. Me satisface sobremanera que los Lúdicos sean, que los artesanos-artistas se desplieguen en las calles de Pana, que haya quienes dediquen su tiempo a escribir novelas, libros de cuentos y poemas, compongan música y graben discos (acá me van a decir que eso no es ocio, sino disciplina; cuestión de opiniones, a mí me gusta pensar en el ocio, porque el ocio es el mejor preámbulo de la creación), pinten, esculpan y organicen actividades culturales. Me encanta pensar, sí, tomarme tiempo para pensar sin tener que estar con lentes puestos tras el monitor y con los dedos tecleando (aunque igual, ahí me divierto muchas veces, como ahora, y eso ya va por este lado), divagar, soñar despierta, platicar esos sueños con otros y otras, tener tiempo para un café en el que surjan ideas e imaginar que mañana, un mañana bien lejano (así lo siento ahora), veré a muchos sobreviviendo con ocio, gozándose el ocio, compartiéndolo, comiéndoselo, digiriendo todo lo que nos llena el espíritu (la panza también, claro) y luego sudando alegría, palabras, colores, sin relojes, sin gastritis, sin úlceras e hígados descompuestos. Que las canas las traiga el tiempo y no el estrés ni el dolor.

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