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Pispizigaña
Guatemala = cementerio
Por Claudia Navas Dangel - Guatemala, 20 de febrero de 2007
cnavasdangel@yahoo.es

Este fin de semana, según los medios de comunicación, al menos 17 personas fueron ultimadas, lo que significa que muchos más perdieron la vida a causa de la violencia o la negligencia, que al final es otra forma de violencia y que muchas veces se pasa por alto, porque, si a acá se puede matar, robar, estafar y violar sin pena alguna, cuánto menos van a castigar a un padre o a una madre que no protege a su hijo.

Cuando se habla de asesinatos de mujeres (lo digo así porque ya no sé si es correcto feminicidio o femicidio. Yo voy tras utilizar bien las palabras aunque creo que en este caso la discusión se ido un poco en qué término utilizar, o mejor dicho, se aprovecharon de ella para desviar la atención y cambiar de tema, algo recurrente en el país) ; siempre las “autoridades” se amparan diciendo que son más los hombres que mueren que las mujeres, en lugar de dar respuestas claras, buscar soluciones e implementar programas de protección para que las defunciones no sigan pasando.

Lo mismo ocurre cuando se habla de la violencia que atañe a la niñez y a la adolescencia. Según los medios escritos, durante 2006, 510 infantes y adolescentes murieron de forma violenta, de ellos, 252 a causa de arma de fuego. Hubo 65 decesos en accidentes viales causados por la negligencia de quienes conducían a exceso de velocidad, por rebasar en curva o por incumplir con las leyes de tránsito al llevar como pasajeros a infantes. Y lograron, además, que muchos niños y niñas quedaran heridos de gravedad.

Pero al igual que con las mujeres, el Ministerio de Gobernación no dice o hace mayor cosa, no da explicaciones ni posibles soluciones.

Sean niños y niñas, sean adolescentes, mujeres u hombres, el caso es que cada día personas, seres humanos, gente con sueños, pierden su vida en Guatemala a causa de la violencia. Las familias se enlutan y el miedo se esparce por todos lados.

Hojear el periódico es sumergirse en un mundo similar al de una película de terror, lamentablemente, a diferencia de un filme, acá no hay un final con un superhéroe o con un grupo de detectives que pongan fin al dolor. Acá, simplemente, no hay esperanzas.

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