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Enfermedad curiosa
Por Carmen Ortiz - Guatemala, 17 de febrero de 2005
cloe2003@yahoo.com

"La estupidez es una enfermedad de lo más curiosa; no la sufre quien la padece, sino quienes la rodean" (anónimo).

A la luz de este pensamiento deseo analizar el conflicto protagonizado por autoridades gubernamentales y los ex PAC, pues ambos casos exhiben síntomas preocupantes e inconfundibles de dicho mal.

Los primeros los manifestaron cuando decidieron realizar ofrecimientos irresponsables con fines electorales; cuando cedieron ante las amenazas y aprobaron una ley que ordenaba la indemnización; cuando realizaron un primer desembolso monetario otorgando así beneficios parciales; cuando les hicieron creer que tenían razón en su reclamo.

Los segundos, los evidencian en su fastidiosa obstinación; en sus conductas abusivas, violentas e irracionales; en su incapacidad para negociar sobre necesidades y no sobre intereses; en su incomprensión e irrespeto al Estado de Derecho. Lo más indignante de todo es que los ciudadanos se encuentran injustamente situados en medio del fuego cruzado.

El problema ha ido demasiado lejos y no hay otra alternativa más que la vía del diálogo y el entendimiento. Los ex patrulleros deben abrirse a otras opciones de solución, si no quieren perderlo todo. Deben entender que con las actitudes asumidas solamente aumentan la tensión y empeoran la comunicación.

Este es el tipo de caso que amerita la intervención de un experto mediador que haga del problema algo manejable y comprensible. Que, en primer lugar, reconozca a los actores involucrados. Que sea capaz de rescatar la raíz del problema; de distinguir las necesidades de los intereses de las partes; de identificar los elementos sicológicos o políticos en juego que pueden dificultar la concreción de acuerdos, e incluso alimentar crisis mayores.

Lo importante es transitar de una actitud competitiva, en donde obtener lo que se quiere es el único criterio a seguir -sin reflexionar sobre lo que quieren los demás-, a una actitud de colaboración. Ello sólo es posible cuando las partes superan su visión limitada del problema en un proceso de confrontación y conciliación técnicamente facilitado.

Este conflicto nos deja varias enseñanzas. Una de ellas apunta a la necesidad de rescatar la responsabilidad discursiva de nuestros líderes políticos. Las ofertas desmedidas e imprudentes son fuente de conflictividad. Otra, nos conduce a analizar la forma en que se previene, aborda y enfrenta la conflictividad en Guatemala.

Fuente: www.sigloxxi.com


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