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Refugiados guatemaltecos: un retorno dificil
Por Lisa Viscide - Marzo 2004
Traducido por Uman Rodriguez


En 1984 la esposa de Raúl fue secuestrada y asesinada por las fuerzas paramilitares guatemaltecas debido a su participación en una organización comunitaria local. La madre de Raúl y un hermano habían sido también asesinados y él temía por la seguridad de su hijo pequeño. Así que después de enfrentar amenazas e intimidaciones en diversos pueblos del país, Raúl decidió finalmente trasladarse con su familia a México. Raúl era uno de los cientos de miles de guatemaltecos que huyeron a México, otros paises centroamericanos y los Estados Unidos como resultado de la violencia generada por el conflicto armado interno. A partir de 1981, aproximadamente 100,000 guatemaltecos se refugiaron en el sureño estado mexicano de Chiapas, viajando familias o grandes grupos de las comunidades que sufrieron los efectos de las campañas de tierra arrasada.

Vida en México

A unas cuantas millas de la frontera, los refugiados vivian en constante miedo antes las ocacionales incursiones del ejército guatemalteco. Además, la creciente población de refugiados empezó a demandar más de los recursos del mas pobre Estado del país, lo que se tradujo en la relocalización de los refugiados en campos oficiales en otras partes del interior del país. Cerca del 50% de los refugiados guatemaltecos fueron enviados a campos permanentes, donde recibieron tierra y tuvieron acceso a servicios sociales básicos.

Sin embargo, miles de refugiados dejaron esos refugios y buscaron mezclarse con la población local. Antes del conflicto, muchos guatemaltecos que vivian cerca de la frontera con México habían sido trabajadores temporales en las fincas mexicanas. Algunos fueron capaces de asegurarse trabajo permanente en los mismos lugares.

Pero en este caso, la decisión del traslado tenía en si una serie de dificultades. Careciendo de documentos legales, muchos guatemaltecos no fueron capaces de encontrar mejores oportunidades de trabajo, inscribir a sus hijos en las escuelas o tener acceso a servicios sociales. Escondiéndose constantemente de los intentos de la migración mexicana de capturarlos y ponerlos en custodia del ejército guatemalteco, algunos de ellos solicitaron asistencia a la iglesia. Aqui fue cuando la magnitud del problema de los refugiados se hizo evidente.

Los refugiados se organizan

Los refugiados se dieron cuenta de sus problemas comunes, de la necesidad de organizarse y trabajar en conjunto. Con la ayuda de agencias locales e internacionales, tales como la Comisión Mexicana de Asistencia a los Refugiados (COMAR) y el Alto Comisionado para los Refugiados de las Naciones Unidas (ACNUR), esta última que proporcionó capacitaciones en organización y derechos humanos, los refugiados formaron organizaciones que eventualmente negociarán su retorno a Guatemala. De acuerdo a Dominga Montejo, co-fundadora de la asociación de mujeres refugiadas Madre Tierra: "cada persona salió individualmente hacia México, pero ya estando aqui, nos dimos cuenta de la necesidad de unirnos."

Retorno a Guatemala

La mayoría de los refugiados guatemaltecos nunca tuvieron la intención de residir permanentemente en México. A principio de los años noventa, el deseo de volver los estimulo al inicio de negociaciones con el gobierno guatemalteco, solicitando garantías para su seguridad en el proceso de reintegración. Un acuerdo se alcanzó en el año de 1992, el cual aseguraba a los refugiados el derecho a tierras, estar fuera del control militar y acompanamiento internacional en el proceso.

El derecho a la tierra fue un asunto particularmente importante, ya que la mayoría eran campesinos indígenas, cuya cultura y modo de vida estaba ligado profundamenete a la tierra. "Fue duro en México, se lamenta Montejo, ahí no podíamos cultivar nuestra milpa, poseer nuestra propia tierra o construir nuestra propia casa." Durante el proceso de reasentamiento, que estuvo bajo la supervisión de las Naciones Unidas, el gobierno ofrecio a los campesinos préstamos a bajo interés para la compra de tierra. Muy raramenete los refugiados pudieron volver a su tierra original, el ejército había instalado a otras comuninidades en esas tierras abandonadas, bajo el argumento que los dueños originales eran subersivos que nunca retornarían. Refugiados buscando como comprár tierras se enfrentaron a largas y complicadas negociaciones. El gobierno muchas veces incrementaba el costo de la tierra con el objetivo de desestimular la compra de la misma y así, prologar el proceso de reasentamiento.

Estos intentos para impedir la compra de tierras, evidenció claramente los deseos gubernamentales de obstaculizár su retorno. Los refugiados habían sido capacitados en temas relativos a los derechos humanos y estaban muy bien organizados, y el gobierno les temía viendo en ellos a potencial fuerza organizadora de todos los sectores reprimidos. Con la demanda de tierras, los refugiados habían desafiado indirectamente al sistema económico del país, donde una minoría aún posee una gran cantidad de riqueza.

Además, el ejército entendió que los refugiados no estaban dispuestos a vivir bajo control militar, por lo que acusó a los refugiados de colaborar con las guerrillas, y a partir de ese argumento, justificar ataques a las comunidades de refugiados. Durante los años noventa, el ejército realizó una serie de incursiones en estas comunidades, de las cuales la más trágica fue la masacre contra la población de Xamán, donde 11 personas fueron asesinadas y 30 heridas. Después de esta masacre, muchos refugiados temían retornar a Guatemala.

La propaganda del ejército contra los refugiados, dividió a la sociedad guatemalteca. Campesinos que nunca habían abandonado el país, condenaban a los refugiados como simpatizantes de la guerrilla y algunas comunidades se opusieron a su retorno. Los años de separación y las distintas experiencias vividas, habían creado una barrera entre los dos grupos que tenía que ser superada. Sumado a esto, el problema en torno de las negociaciones de tierras, había reducido las esperanzas de los refugiados.

A pesar de todo esto, las comunidades de refugiados estan preparados con organizaciones que continuan la lucha or una justa repatriación. Hasta hoy, muchos de los 45,000 retornados han utilizado su experiencia en la negociación de su retorno y en la búsqueda de un lugár dentro de la sociedad guatemalteca. Después de establecerse con los miembros sobrevivientes de su familia Raúl fundó una organización de refugiados en los años ochenta que negocio títulos de propiedad con el gobierno. El ha visto algunos retornados que han logrado pagár el préstamo y tomar posesión de la tierra. Sin embargo, todavía hay muchos en la lucha.


Tomado de www.counterpunch.org


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