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La ciencia y la religión nos ofrecen el cielo
Por Matthew Creelman - Guatemala, 14 de julio de 2021



Tres billonarios compiten para ser los primeros en llegar al espacio por medio de la iniciativa privada. Esta semana salió uno de estos empresarios en cohete dijo: “si no industrializamos el espacio, la humanidad está condenada.”

Allí la ciencia imita a la religión y en el comentario del empresario se ven ambas la promesa del cielo y la amenaza del infierno.

En años pasados la exploración del espacio fue una expresión de la capacidad colectiva del humano. Los programas fueron iniciativas públicas, resultados de la movilización de recursos públicos en conocimiento, tecnología, a veces con la cooperación de países en conflicto.

Hoy es la iniciativa privada que dirige estos esfuerzos utópicos. Ahora la voz de un empresario tiene el oído de la humanidad: en el espacio está la salvación, y los nuevos pastores somos nosotros los billonarios.

Es irónico, porque me enseñaron que la ciencia es un conocimiento que se enfrenta con la fé y la religión. Si no puedes comprobar algo con las herramientas disponibles de la observación, si no puedes intervenir y replicar resultados, si no puedes explicar causas y efectos, hay que mantener un espiritu saludable de sospecha y duda. Mi papá me decía algo que aprendió del activista Saul Alinsky: “en lugar de colocar una cruz o una estrella de David en la pared, debemos colocar una marca de interrogación.”

Pero ahora la ciencia nos ofrece una utopía fuera de planeta. La exploración de Marte y el sueño de una vida fuera de la tierra se asemeja a la oferta cristiana: en el cielo hay un paraíso que nos va a salvar de nuestra vida jodida aquí en la tierra.

La tristeza que me da es que las energías creativas que debemos dedicar a buscar soluciones para la humanidad se pierden en cuentos utópicos. En el caso de las religiones, dicen que hay un cielo y una vida eterna. Las iglesias aprovechan de nuestra gran necesidad de comunidad. La sensación tan agradable de estar en la iglesia no es Dios, es estar juntos como personas en un ambiente sin conflicto. Y la única razón que existe la armonía en las iglesias es porque la gente adentro no hace nada, no hay ningún reto, ninguna meta colectiva que requiere negociación, roce, discusión, desacuerdo y resolución. En la iglesia se siente mejor que en la asamblea comunitaria porque en la asamblea tenemos la tarea difícil de movilizarnos para actuar para el bien común.

La gente moderna ni sabe que es vivir en comunidad. Las iglesias y las familias y las organizaciones jerárquicas ocupan ese lugar en la vida una vez ocupada por la solidaridad comunitaria.

Y la ciencia fue tan exitosa que la palabra se regó a incluir temas que nada tienen que ver con la ciencia: ciencias sociales, ciencia jurídica, ciencia de la comunicación. Ahora, más que nunca, la ciencia, la tecnología y el capitalismo se convierten en algo muy parecido a la religión.

Somos animales y nos engañamos constantemente. ¿Por qué es delito engañar a otros (fraude, estafa), pero no es delito engañarse a uno mismo? El espacio no es la solución a nuestros problemas. La vida eterna y el paraiso son cuentos que nos distraen de una triste realidad: nos vamos a morir. Para mi la vida es un tiempo corto de existencia y tengo que tratar de hacer algo bueno mientras yo estoy vivo.

Hace unos años un hombre que conozco de Retalhuleu sufrió un accidente y no pudo caminar. Recibió un apoyo económico para una cirugía. Se quedó mas de un mes en mi casa recuperando. Le ayudamos levantarse y acostarse, hicimos su comida, le acompañamos. Cuando se recuperó, me dijo: Dios es grande, gracias a Dios, usted Mateo llegó a mi vida para ayudarme. Voy a dedicarme a ser pastor para enseñar el evangelio.”

Nunca supe de él. Nunca me ofreció su solidaridad, nunca me dijo, “Mateo cuentas conmigo si me necesitas para algo, aquí estoy.” Mas bien, me vio como un agente de Dios.

Hace unos días metí la llanta de mi carro en una zanja frente a la casa de un pastor evangélico. Rápidamente el vecino salió a ayudarme, con piocha y pala y jaló mi pickup con su carro. Don Antonio Baten sabe que puede contar conmigo. Sabe que aprecio su apoyo y voy a intentar ser solidario con él y con otros. Así vamos construyendo el cielo en la tierra, poco a poco.

Sakarik

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