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Presidente Berger, usted me da vergüenza
Por Carlos René García Escobar - Guatemala, 6 de abril de 2005

El TLC es una marca para llevarla con vergüenza de aquí en adelante. La llevaremos como nuestras generaciones anteriores llevaron marcas indelebles por que no se conculcaron jamás, a saber: ignorar que no hubo tal independencia para el pueblo sino para la oligarquía gobernante que la usó para hacer creer que era para todos. Haber dejado Belice olvidado para que los ingleses se aventajaran en su posesión. Permitir la usurpación de tierras y el empleo esclavizante de mano de obra indígena forzada para producir el café. Entregar las tierras para la explotación esclavizante del banano. No haber exigido con fuerza que Arbenz volviera al poder. Permitir que el Ejército se posesionara de este país. Hay muchas otras marcas, pero con estas basta para hacer notar mi vergüenza generacional si dejamos que el TLC se quede en Guatemala tal como lo planea la actual cúpula empresarial y su gobierno. La tierra guatemalteca no debe ser herida con la minería, la deforestación y la contaminación generalizada. El equilibrio democrático no existe. En el fango en el que estamos, el sistema nos quita, nos vende y nos alquila vida. Como siempre, la lucha de clases está presente y no se vislumbra el triunfo de la clase que con su trabajo sostiene el sistema. Nos están condenando a una muerte lenta para que sólo queden en el disfrute de la vida los aprovechadotes de siempre, los que no merecen vivirla.

Este sistema con su TLC y todo lo que implica en el futuro es una marca que me induce la vergüenza que siento por el presidente Berger, porque mis hijos que ya hacen uso de razón, se encolerizan y lo critican acremente, no me queda más que aceptar la poca calidad del Presidente, igual que el anterior y los anteriores a estos. Todos a cual más sinvergüenzas.

Las nuevas generaciones debieran sentir orgullo de su Presidente, pero no es así: tampoco nosotros los cincuentones hemos sentido orgullo alguno por los presidentes que hemos visto desfilar como inútiles por el guacamolón. Así es que no podemos exigirles a los nuevos patojos que lo sientan.

Algo tiene que cambiar en esta nación. Todo parece permanecer en una latente bomba de tiempo. ¿Cuándo va a estallar?

Fuente: www.lahora.com.gt


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