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José María López Valdizón
Por Carlos René García Escobar - Guatemala, 11 de abril de 2005

Hace pocos días, el 22 de julio recién pasado, se conmemoró a instancias de su hija, mi querida amiga Guisela López, el secuestro y asesinato de un escritor de lo más certero y realista (en su surrealismo) que dio Guatemala en la segunda parte del siglo XX. Nacido en 1929, su vida fue rota por los esbirros del Estado en 1975 a sus 46 años de vida. Precisamente había escrito un cuento que le dio nombre a un muy conocido volumen de cuentos titulado La Vida Rota, en el que a un joven campesino se le muere su esposa y su hijo en el momento del parto. La Vida Rota, ganó el primer certamen de Casa de Las Américas en 1960. "Chema López" como le decían sus amigos, había participado en el proceso de la revolución de 1944, había fundado el grupo literario Saker Ti en esa época, había dirigido la Revista de Guatemala en ausencia de Luis Cardoza y Aragón, era un prominente dirigente político de la izquierda guatemalteca proscrita desde 1954 en adelante y había sido otro de los exiliados del 54. También fue fundador y Secretario Ejecutivo de la revista Alero en su etapa inicial a su regreso del exilio.

Tengo en mis manos la 7ª. Edición (1988), facsímil de la 4ª. Edición realizada en Guatemala (1970) e ilustrada por el grupo Vértebra inicial (Quiroa, Cabrera, Rojas) del cual quiero resaltar dos cuentos que me impresionan vivamente: La Vida Rota y El Regreso de la Tatuana.

El primero es una narración en segunda persona cuya historia refleja la miseria en la que vive el campesinado guatemalteco de todos los tiempos. En un hospitalito rural un enfermo alcohólico delira narrando cómo su primer hijo tan deseado muere por desnutrición de su madre en el momento del parto. El estilo es en 2ª. persona debido a que un supuesto loquito narra en sus delirios lo que le pasó. Otro nombre del mismo cuento es Mi hijo nació muerto.

En El Regreso de la Tatuana, nuestro autor renace, tal como ya lo había hecho Asturias, la leyenda de la Tatuana, solamente que, claro, a su estilo. Ante el abandono de su amado, Encarnación invoca a la Tatuana para aliviarse de su dolor. La Tatuana se le aparece sabiendo su congoja, y por el río Pensativo (los hechos ocurren en Antigua Guatemala), tomadas de la mano lo atraviesan volando logrando (dentro del más puro surrealismo por supuesto) atravesar el río Sena en París, a donde el ingrato Cristóbal Salvador había llegado a darse la buena vida. Luego de constatar la traición Encarnación no soporta el salto en el Sena para regresar al otro lado del Pensativo y muere ahogada en el río. Su muerte la conocen los periódicos de París y su cuerpo es encontrado en la ribera del Pensativo en A.G. La Tatuana es acusada del asesinato y sentenciada inmisericordemente por un juez. Sin embargo, ella queriendo demostrar su inocencia pinta un barco en la pared, invita al juez a que la acompañe a constatar los hechos y ante la negativa de este se sube al barco y se aleja paulatinamente hasta desaparecer.

Chema López logra una recreación poética, romántica y surrealista de una leyenda genuinamente guatemalteca en el mejor estilo de la proyección folclórica.

No me resisto a mencionar, aunque las comparaciones son odiosas, que la lectura de los trece cuentos de La Vida Rota, me evocaron la lectura de los cuentos de El Llano en Llamas de Juan Rulfo. Es más, es posible decir que ambas obras, salvando las distancias claro está, se encuentran en el mismo nivel de realización.
Lamento no haber podido llegar al acto de homenaje al cual Guisela me había invitado a participar, por haberme detenido una torrencial tormenta en Escuintla esa misma tarde. Sin embargo, en el acto en el cual rendimos homenaje a otro periodista escuintleco asesinado en 1981 en aquella ciudad, Óscar Coronado, me permití recordar a José María López Valdizón, al mencionar otros escritores muertos por las fuerzas oscuras del Estado como Otto René Castillo, Roberto Obregón Morales, Óscar Arturo Palencia y Luis de Lión.

Fuente: www.lahora.com.gt


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