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A propósito del compromiso con el prójimo
Por Claudia Virginia Samayoa - 11 de abríl de 2004

Para muchos guatemaltecos y guatemaltecas, el recordatorio de la pasión de Cristo durante esta Semana Santa tuvo un nuevo sentido, después de ver la película del director y actor de cine Mel Gibson. El sufrimiento que Jesucristo padeció para redimir nuestros pecados es hoy más que una figura alegórica leída en la homilía de los Viernes Santos; es una vívida imagen que nos debe recordar el compromiso que los cristianos tenemos hacia el mandamiento del amor que nos fue enseñada por el Maestro.

En esta semana de Pascua, regresamos todos a nuestras actividades usuales y nuestro compromiso con el prójimo se encuentra renovado. Es, en este espíritu, que debe iniciarse esta semana una de las deudas pendientes del Estado de Guatemala hacia cientos de miles de guatemaltecos y guatemaltecas que han sufrido su propio calvario a raíz de la sistemática y generalizada violación de los derechos humanos cometida durante el enfrentamiento armado: el resarcimiento.

Aunque la política pública es vigente desde noviembre del 2002, la voluntad política del anterior gobierno nunca se vio muy clara. Durante este gobierno nos asaltan las mismas dudas: retraso en la toma de decisiones y resistencia para otorgar el presupuesto.

Sin embargo, el 30 de marzo el Presidente finalmente nombró a su representante ante la Comisión de Resarcimiento. Esto implica que el proceso pendiente de nombramiento de director del Programa Nacional de Resarcimiento y la ubicación de los magros recursos asignados al momento iniciará.

A diferencia del pago de compensación laboral a las PAC, que fue hecha por el Gobierno en muy poco tiempo, el acceso al resarcimiento será un proceso largo, ya que debe garantizar que su acceso sea equitativo e individual.

El resarcimiento es el acto con el cual el Estado se redime ante las víctimas de las violaciones de derechos humanos. A través de este programa, el Estado busca la dignificación de las víctimas, la reparación de los daños materiales, mentales, culturales y físicos y la indemnización de los daños causados.

El resarcimiento no necesariamente es el pago de dinero; pero tampoco es exclusivamente la celebración del Día de la Dignidad de las víctimas.

El proceso que reinicia esta semana, deberá tomar en cuenta que la relación del Programa es con la víctima en lo individual, por lo que un censo que llegue a cada una de las víctimas deberá hacerse con mucho cuidado. Las medidas de reparación podrán ser individuales o colectivas, esto dependerá del daño que debe repararse. No cabe duda que en materia de reparación cultural, son necesarias medidas orientadas hacia los pueblos mayas afectados por el enfrentamiento armado.

En el ánimo de nuestro renovado compromiso con el prójimo, el proceso de resarcimiento no debe seguir siendo utilizado como pretexto para la satisfacción de intereses individuales de poder o económicos. El resarcimiento conlleva retos inmensos; ya que con limitados recursos se deberá atender a no menos de un millón de víctimas, cuyo proceso de dolor debe encontrar un camino hacia la reconciliación.

Nota final: El jueves de Dolores entró a la Corte de Constitucionalidad el 'Acuerdo entre las Naciones Unidas y el Gobierno de Guatemala para crear una Comisión de Investigación de Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos de Seguridad'. Esperamos que los señores magistrados emitan su opinión consultiva a la brevedad posible.

Tomado de www.sigloxxi.com


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