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Impunidad o valentía:he ahí el dilema
Por Claudia Virginia Samayoa - 11 de mayo de 2004

¡Diecisiete diputados tomaron el toro por los cuernos!. Este era el titular que algunos diputados esperaban leer el 5 de mayo, después de su heroica batalla en contra de la CICIACS. Ex funcionarios públicos, ex militares y varios profesionales de diversas carreras ajenas al derecho, argumentaron públicamente que la CICIACS era inconstitucional por cinco, ocho o 19 razones. Ustedes escojan.

Como ciudadana guatemalteca y conocedora de nuestra mentalidad conservadora y de la forma en que el miedo atrapa las conciencias y corazones de los mejores intencionados, tenía pocas esperanzas de que la mayor parte de diputados llegaran a entender la CICIACS para poder analizarla.

Pero lo que sí tenía, era confianza en que algunos diputados pudiesen desarrollar una argumentación clara y seria sobre la CICIACS. Creía que eran capaces de asumir responsablemente su juramento de protección a la Constitución, que es vulnerada por el actuar impune de los poderes ocultos.

En su lugar, la decisión sobre la CICIACS se ha realizado de una forma poco transparente y con hedor a poderes ocultos. Estimados lectores, ¿cómo se explican ustedes que 17 diputados hayan tomado una decisión sobre la CICIACS sin un documento de dictamen? Es más, 24 horas después, estos parlamentarios eran incapaces de presentar una explicación seria y por escrito, para que
podamos analizar los argumentos constitucionales -cuál fuese el número final- que fundamentan su posición.

Para colmo de males, los diputados no contentos con darle un dictamen desfavorable a la CICIACS han explicado a los periodistas que solicitan su archivo. Lejos quedó el discurso amable de "queremos que la CICIACS funcione y por eso hacemos ver sus ilegalidades". En su lugar han decidido guardar la comisión de investigación para la crítica de los roedores.

Según los medios de comunicación, las comisiones parlamentarias no
recomiendan alternativas. Su posición como legisladores se queda sólo en la parte de eliminar, erradicar, sepultar.

La defensa de la Constitución de los congresistas no quiso llegar a la consecuencia lógica de su deber: garantizar el bien común, la seguridad y acceso a la justicia para todos los ciudadanos.

Los técnicos del unionismo, los políticos profesionales del PAN, los bien intencionados del Gana, los populistas de la UNE y los negociadores de la CICIACS del FRG, no le están dando a los guatemaltecos la respuesta para el combate del cáncer social que implican los aparatos clandestinos.

Definitivamente, es más fácil abrirle la puerta a la impunidad que cerrársela. Si hubiera voluntad política real, los diputados tomarían la papa caliente y la aderezarían para que sacien el hambre de justicia de los guatemaltecos. Si tan sólo hubieran sido valientes de enfrentar a los poderes ocultos que propician la corrupción, el crimen organizado y las violaciones a los derechos humanos...

La valentía, en este caso, implicaba buscar caminos para la CICIACS. Si el Congreso no encuentra el valor para combatir a los poderes ocultos, ¿cómo esperamos que los operadores de justicia encuentren el apoyo para realizar su trabajo?

Hay quienes no claudican en su lucha; un saludo a los seis diputados que no se dejaron atrapar por los cantos de sirena. Ojalá que los diputados y los políticos en el Ejecutivo encuentren el valor para darnos respuestas de forma rápida. Así como el presupuesto de la nación no puede esperar más el Pacto Fiscal, la justicia no puede esperar su voluntad política.

Tomado de www.sigloxxi.com


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