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Antiterrorismo
Por Claudia Virginia Samayoa - Guatemala, 18 de octubre de2004
cvsjrh@intelnet.net.gt

Hace tres semanas la noticia corrió por México y Centroamérica. La Jornada de México le dedicó una página completa a semejante notición. Algo similar ocurrió en los diarios de nuestros países. Escalofríos corrieron por las espaldas de muchas personas. ¡No puede ser! ¿Cómo es eso posible? Junto con el trago amargo llegó la percepción de que finalmente la nueva realidad se nos imponía. ¡Hay que nombrar un comisionado antiterrorismo!

En una nota más pequeña, perdida entre las noticias internacionales, llegó el desmentido. Un funcionario de la Interpol desde la ciudad construida por las manos de cientos de refugiados guatemaltecos, decía que no había elementos que fundaran la noticia que recorrió el mundo maya y mexica como polvorín. ¿Por qué no la colocaron en primera plana?

La diferencia entre el terror y el miedo estriba, muchas veces, en la capacidad o incapacidad de leer todos los datos del entorno para definir la naturaleza del riesgo. Lo terrible del terror es la forma en que nos vemos sujetos en las garras del miedo, bajo la creencia de que todo lo que se mueve tiene el potencial de dañarnos, nublando así nuestro buen juicio para discernir la mano amiga de la enemiga.

El terror puede ser consecuencia de una situación personal (patologías), familiar o de circunstancias específicas. Mas, desde hace varias décadas, el terror ha sido infligido de forma intencional como práctica política. Eso es terrorismo y es un crimen de lesa humanidad.

Los guatemaltecos sabemos muy bien lo que implica el terrorismo. Por décadas, el Estado de Guatemala desarrolló una política de terror a través del asesinato sistemático y la desaparición forzada para evitar la participación social de la población. Síntomas de nuestro terror son el conocimiento popular de que "el que se mete a política se mete a problemas" y la amenaza esgrimida por varios articulistas últimamente, de que "el comunismo internacional nos va a someter a su dictadura". En ambos casos el terror nubla el buen juicio ciudadano sobre el cambio de épocas que hemos tenido en el país.

El terrorismo es, también, una práctica utilizada por grupos que han optado por la violencia como forma de obtener su independencia o su espacio político en un contexto de desigualdad de fuerzas. El resultado es el mismo: familias destrozadas por el asesinato y el temor permanente de moverse y participar de una solución al problema.

Ante el terrorismo existe la tendencia de aplicar medidas antiterroristas basadas en la vulneración de libertades, generando así más violencia e incertidumbre en la población. De forma que se contribuye a aterrorizar en lugar de tranquilizar. Ante informaciones y rumores se pierde la serenidad y caemos en el juego del miedo. Basta que digan "¡ahí viene el terrorista!" para que empecemos a temblar. Peor cuando el rumor viene disfrazado del apellido "fuentes confiables".

Por ello es recomendable tomar dos pasos atrás cuando una noticia como "La red de Al Qaeda tiene relación con las maras de Centro América" sale a luz pública. Hay que ver quiénes son las fuentes y su credibilidad. Más importante, cuando Saúl Hernández, encargado regional de la Interpol, anuncia en Cancún que dicha información no tiene credibilidad, hay que desechar el dato sobre la presencia de Al Qaeda en Centroamérica.

Como consecuencia, hay que repensar la necesidad de un Comisionado antiterrorismo en Guatemala, cuando nuestras amenazas son otras.

Tomado de www.sigloxxi.com


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