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La ley se cumple
Por Claudia Virginia Samayoa - Guatemala, 31 enero de 2005
cvsjrh@intelnet.net.gt

Reza un viejo adagio "La ley se cumple y no se rebate". Si el creador de dicha frase hubiera conocido Guatemala probablemente no la hubiera dicho. En Guatemala la ley se rebate, no se cumple; en algunos casos con razón, y en otros sin razón. El disparate se disfraza de ley y el hombre probo vive temeroso de ser perseguido.

¿Se recuerdan de la discusión de las invasiones el año pasado? De 104 invasiones, 70 eran producto del cansancio de grupos que habiendo ganado en juicio el derecho a reinstalación y pago por parte de los patronos aún no lo habían recibido. Una costumbre en Guatemala, por parte de la patronal, es rebatir las decisiones de los jueces laborales con respecto a las sentencias favorables al trabajador. Esto ocurre también en un buen número de fábricas y maquilas. ¿Cuántas no cierran el día que el juez emite orden de pago? Esa es la forma más común de rebatir la ley: hay más patronos rebatiendo la ley que fincas invadidas.

Esta práctica histórica de "respeto" al Estado de Derecho produce similar reacción en los que están del otro lado del pastel: si el patrono no cumple con la ley, ¿por qué voy a respetar yo sus derechos? Y ahí nos viene la discusión sobre las acciones consideradas legítimas pero no legales. Rebatir la ley de un lado o de otro del pastel no fortalece institucionalidad; el desorden que hoy hay es responsabilidad de todos, no sólo de un sector.

Pero también hay leyes rebatibles. La Ley de Armas y Municiones es una de ellas. La venta legal de 42 millones de municiones, de todo calibre el año pasado, muestra que la ley es permisiva y es un factor clave de la violencia existente. Esta ley es rebatible y mientras todas las iniciativas nuevas en el Congreso fomenten la misma permisividad serán objetadas. Claro está, el espacio de debate es el público y debemos utilizar los mecanismos institucionales para cambiarla, si queremos fortalecer el Estado de Derecho.

También hay disparates legales, para mí el disparate del día ha sido la acusación de asesinato y lesiones hecha por el Ministerio Público en contra de cinco personas heridas por el fuego de una escopeta, disparada presuntamente por el finquero Jorge Fernández. Ahora resulta que el hecho de que te hirieron con los perdigones de una escopeta te hace culpable del delito que cometió quien la disparó. Un disparate. Me recuerda la historia de un parte policial que informa sobre la conducción de una pareja por escándalo público, ya que el esposo iba pegándole a la esposa y ésta se dejaba hacer pasar por tambor. Y no es chiste.

Para mientras, quienes vivimos apegados a la ley nos sentimos acorralados, porque aquellos que la violan pueden hacer lo que quieran y la justicia no los va a atrapar. Le tememos a los hombres de ley porque muchas veces acusan a las personas para ver qué consiguen, o sencillamente porque son pobres, o porque su cara les pareció sospechosa o porque tienen pereza de investigar. O, peor aún, acusan a gente humilde y respetuosa de la ley para tomarla como chivo expiatorio. ¿Se acuerdan del campesino que la fiscal contra el crimen organizado quiso acusar por el asesinato de Édgar Ordóñez Porta? ¿Se acuerdan que en ese caso se demostró en juicio, que el asesinato fue cometido al amparo del Ministerio de la Defensa?

¿Por dónde romper el círculo vicioso?

Ghandi proponía el camino de la legitimidad. Planteaba que se debía romper la ley y dejarse conducir a las cárceles. Cuando las cárceles estuvieran llenas de pobres e inocentes, la injusticia brillaría. Así cayó el dominio inglés en India.

Tomado de www.sigloxxi.com


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