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Terribles mujeres
Por Claudia Virginia Samayoa - Guatemala, 14 de febrero de 2005
cvsjrh@intelnet.net.gt

Terribles mujeres esas que osan amenazar la tranquilidad del mundo cotidiano, tal como lo reconstruyeron después de la revolución feminista. Terribilis...terribile...que causa terror...que tiene un genio áspero...terrible. Vaya adjetivo el que se le pone explícita o implícitamente a esas mujeres que hoy brillan con luz propia sin menguar su fulgor en donde estén, en lo público o en lo privado.

Terrible es aquella mujer que luchando contra la discriminación provocada por su color, contra la pobreza y adversidad de su clase social, contra los mil y un obstáculos que su opción de vida le ha colocado ha logrado estar por encima de muchos hombres y mujeres. Su luz brilla y muestra un camino para la justicia en el país. No se amilanó ni porque sus dictámenes desagradaran a las organizaciones sociales, o al poder económico o al poder mafioso. Esa mujer levantó la balanza de la justicia con la hidalguía con la que quisiéramos ver a todos los jueces. Y por supuesto, ella provocó terror.

Primero lo hizo en el Congreso, ya que su juicio implacable colocaría presos a quienes han negociado impunidad por estabilidad. Luego, ha provocado terror entre algunos círculos jurídicos porque osó competir por la Presidencia del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala. La terrible mujer fue eliminada de las listas para la Corte Suprema de Justicia, pero su capacidad, su valentía y sus aires de renovación le consiguieron el primer lugar en la primera vuelta de la elección del Colegio.

Durante la semana que separa la primera vuelta de la segunda, se escucharon descalificaciones en su contra por ser mujer. Cuando escribí estas líneas no sabía el resultado de las elecciones, pero espero que Yolanda Pérez haya logrado hacer desaparecer el terror de sus colegas, y los haya convencido de que el cambio es necesario.

Otra mujer valiente y tesonera se ha ganado el adjetivo de terrible. Mientras que los ciudadanos y ciudadanas de la calle le admiramos, sus colegas le vieron como amenaza. ¡Terrible! gritó la voz del inquisidor. El temblor inmediatamente se sintió. Al igual que con la jueza, la descalificación no tardó en llegar. Ella no ganó los votos que obtuvo por sus propios méritos, dijo una voz oscura que había hablado ya hace un año. Dionisio Gutiérrez pagó su campaña de diputada. Él es su dueño, concluyó otra voz. ¡No! -dijo otra-, se va de la ANN para sumarse a Álvaro Colom.

Todas las voces le quieren quitar su propio mérito y su liderazgo. Ellos también temen que esta diputada, que ha tenido capacidad de moverse en los mundos de la política y la sociedad civil, siga brillando y mantenga su liderazgo en una propuesta nueva, ajena al mundo de donde provienen las voces. Nineth Montenegro no representa algo oscuro; lucha contra la sombra.

Es interesante que esta campaña en su contra, que se expresa en quitarle espacios en el Congreso y restarle credibilidad pública, ocurre cuando ella está develando con profesionalismo la corrupción dentro del Ejército y en el mundo empresarial. Comparte con Yolanda Pérez el deseo de hacer cambiar las cosas, en el momento y en el lugar donde necesitan cambiarse. Por soñarlo y por ser capaces de hacerlo realidad, les han puesto el adjetivo de "terribles".

Yolanda, Nineth y todas ustedes, mujeres, que en lo cotidiano sufren el embate del adjetivo terrible y sus implicaciones hacia su dignidad, sepan que habemos mujeres y hombres que logramos ver más allá de la manipulación del terror. Las vemos por lo que son y por lo que valen.

Tomado de www.sigloxxi.com


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