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Lo que es, puede no ser
Por Claudia Virginia Samayoa - Guatemala, 11 de abril de 2005
cvsjrh@intelnet.net.gt

Heráclito nos decía que nada era nunca igual. "Nadie se puede bañar en el mismo río dos veces", afirmaba este pensador griego presocrático. El ser puede no ser. Parménides y toda la filosofía occidental ocultaron esta verdad profunda, hasta que se hizo evidente. Fue retomado por Hegel y otros pensadores contemporáneos. Como siempre, Occidente fue a dar una gran vuelta para llegar a la verdad que Oriente siempre reconoció: lo igual no existe, sólo lo parecido.

Es por eso que hoy, al igual que hace 50 años, pareciera ser que Estados Unidos sigue repitiendo el esquema de la Guerra Fría. El poder hegemónico utilizado en contra de los países que luchan por mantener su autonomía. El apoyo a gobiernos autoritarios para garantizar que los privilegios e intereses económicos de un puñado de dueños del mundo, se imponga sobre los intereses de los ciudadanos de la patria grande y de su mismo país.

La visita del Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld a Guatemala, tuvo el mismo contenido que cuando su predecesor vino en la década de los 50. La preocupación por Venezuela y los aires peligrosos que de este país emergen, fue uno de los puntos de agenda. Al igual que contra Cuba, el Gobierno norteamericano aísla y realiza boicot. La Bahía de Cochinos a la venezolana, fue un fallido intento de golpe de Estado. Al igual que en aquella década, la posición de ataque hacia un país cuyo pecado es la autonomía, radicaliza las posiciones en torno a la legitimidad del ataque.

Pero lo que parece igual no lo es. Resulta que a diferencia de hace 50 años, el avance de las comunicaciones y la globalización nos permite estar mejor informados. Ese discurso de que la razón del boicoteo a Venezuela -¿o era Cuba? -es la defensa de los derechos humanos ya no le queda a Estados Unidos. Por ejemplo, la existencia de presos políticos en Cuba es motivo de condena a dicho país pero, ¡ay de quien ose tratar de condenar a Estados Unidos por los presos políticos en Guantánamo; la tortura contra los presos de guerra en Iraq, o los millones de pobres presos en el propio territorio estadounidense. Según la secretaria de Estado, Condoleezza Rize, la violación de derechos humanos por parte de ellos, es un asunto de seguridad.

La compra de armas por parte de Venezuela es un escándalo internacional a la norteamericana, pero el apoyo irrestricto al gobierno golpista y dictatorial de Pakistán es tal, que se hace caso omiso de las armas nucleares, bacteriológicas y los actos de terrorismo que desde ese país se planifican. Hoy, el cuento ya no nos lo tragamos.

Tampoco nos tragamos la historia de la víctima del poder imperial que encuentra en la limitación de los derechos políticos, una forma de defensa. No podemos ocultar que, tanto en Cuba como en Venezuela, se viola el derecho a defender derechos humanos y la libre expresión de periodistas. Tampoco negamos la existencia de planes orquestados desde afuera, utilizando dichas libertades y el derecho de defensa que le asiste a estos países.

No hay país santo, y mientras no se despoliticen las condenas por violación de derechos humanos vamos a ver cómo se repiten las tragedias del pasado. Los genocidas sudaneses se escudan detrás de la defensa de la soberanía, al igual que lo hicieron las estructuras clandestinas en Guatemala.

Las prácticas del pasado ya no sirven, lejos de eso, están socavando de tal forma la gobernabilidad mundial, que otro mundo no sólo es posible sino será imperativo. ¿Por qué? porque lo que parece igual, no lo es.

Tomado de www.sigloxxi.com


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