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Vivitos y coleando
Por Claudia Virginia Samayoa - Guatemala, 16 de mayo de 2005
cvsjrh@intelnet.net.gt

Las estructuras clandestinas están activas. Ocho ataques se dieron entre el sábado 7 y el jueves 12 de mayo.

La semana que acaba de terminar fue una negra para los y las defensoras de derechos humanos y las organizaciones sociales. Durante el gobierno de Portillo, la ciudadanía y la clase política reconocieron que los defensores de derechos humanos éramos atacados por aparatos clandestinos de seguridad, que funcionaban dentro y fuera del gobierno. Por ello, se apoyó la creación de una CICIACS que ayudara a las instituciones de justicia a investigar y combatir el flagelo.

Pues fíjense, estimados lectoras y lectores, que un año y cinco meses después de instaurado este gobierno, las cosas no han cambiado para nosotros. El año pasado hubo 122 ataques en contra de defensores; de estos, 12 fueron allanamientos y 15 asesinatos. Alrededor del 40% de estos ataques tienen un origen en la confrontación con un poder local. El resto tiene los patrones propios de operaciones de Inteligencia de aparatos militares.

La cosa se agrava este año, fíjense que hasta el jueves de la semana pasada estábamos contabilizando 65 ataques, de los cuales 15 son allanamientos. De estos, 8 se dieron entre el sábado 7 y el jueves 12 de mayo. Sí. Me leyó bien. Más de la mitad ocurrieron la semana pasada y espero que entre el jueves y hoy no hayan ocurrido otros más. Los afectados, todos. Los allanamientos han sido contra organizaciones de desarrollo, derechos humanos, víctimas, campesinas y religiosas. No han dejado santo parado.

Algunos de los allanamientos, como el cometido contra la CNOC e Hijos implicaron el robo de CPUs que contienen información, así como el robo de fotografías. El interés detrás de estos allanamientos es claramente conseguir información. Me pregunto: ¿a quién le sirve la información sobre las organizaciones que han protagonizado las manifestaciones contra el TLC y la ley de Concesiones? Uuuuu, dijo la lechuza.

El resto de allanamientos ha sido de naturaleza intimidatoria. No han robado nada, no han registrado, pero dejaron evidencias del ingreso. Algo así como decirnos: "Acá estamos, vivitos y coleando". Para mientras, tanto el Ministerio Público como la Policía asisten a la escena del crimen a realizar las diligencias de investigación. En un par de años, los casos serán archivados, como los del tiempo de Portillo, porque no se encontraron a los culpables.

Pero el tema está en que las estructuras clandestinas están activas. Para hacerlo deben tener apoyo desde los aparatos de seguridad estatal y el sistema de justicia. Lo que hacen, puede tener como objeto producir ingobernabilidad o gobernabilidad (contrainsurgencia llana y pura). En medio de la cancha, los defensores de derechos humanos seguimos siendo la pelota con la que juegan los poderes ocultos (o no tan ocultos), pateándonos con sus estructuras clandestinas. Más allá de quien lo hace, el resultado es intimidar y distraer la atención de temas como la Ley de Concesiones y la de Catastro.

*Defensora de Derechos Humanos

Tomado de www.sigloxxi.com


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