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¿Poder paralelo?
Por Claudia Virginia Samayoa - Guatemala, 6 de junio de 2005
cvsjrh@intelnet.net.gt

Basado en un reportaje extenso, el editorial de Siglo Veintiuno afirmó que los sindicatos, en particular su liderazgo, constituían un poder paralelo. Como podrán imaginar, no pude resistir la tentación de disentir sobre varios de los presupuestos que llevan a semejante afirmación.

Denominar poder paralelo al sindicalismo guatemalteco es, para decirlo suavemente, algo sorprendente. El concepto se refiere, tradicionalmente, al poder proveniente de fuera del Estado. En la década de los 80 hacía referencia al poder paralelo ejercido por la cúpula económica que tenía capacidad de tomar decisiones que afectaban o definían el quehacer del Gobierno. Se sabía que decisiones sobre política fiscal, comercial o monetaria eran tomadas en un espacio ajeno al constitucionalmente establecido: el Ejecutivo o la Junta Monetaria.

En la década de los 90 se empezó a mencionar otro poder paralelo, también denominado oculto, que ejercía su dominio a través del poder que da controlar el aparato de inteligencia del Estado y el sistema de justicia. Este poder ha sido asociado al de las estructuras vinculadas al crimen organizado y a los aparatos clandestinos de seguridad. Nuevamente, su poder radica en la capacidad que tienen de definir o entorpecer políticas gubernamentales y funciones públicas como la justicia.

Hay una gran discusión sobre si estos poderes realmente son paralelos u ocultos; dada la debilidad de la institucionalidad guatemalteca, se transforman en el poder real. Los gobernantes y jueces ante ellos, muchas veces, no hacen más que agachar la cabeza. Imagínense equiparar el poder sindical con el poder paralelo.

¿Qué poder ejercen los sindicatos? Es obvio que no tienen capacidad de cambiar la ruta de las decisiones de gobierno. Finalmente, el Congreso y el Gobierno aprueban las leyes laborales y los tratados de libre comercio que quieran. Los sindicatos ni siquiera han logrado que este gobierno acepte la necesidad de un nuevo salario mínimo.

Entre las opiniones recogidas en el reportaje aludido por el editorial, queda claro que el sindicalismo pasa por una crisis seria y que el Ministerio de Trabajo no lleva los controles necesarios. Muy bien, se ha detectado otra de las tantas debilidades del sistema. Lo mismo ocurre sobre la falta de control sobre empresas que venden contrabando. ¿Se acuerdan de la queja de la Gremial de huevos?

El cuestionamiento a la dirigencia sindical y su transparencia es igual a la que se hace contra la dirigencia de los partidos políticos. ¿Podríamos afirmar que estos últimos también son poder paralelo? Coincido que las debilidades de los sindicatos deben ser abordados, así como debemos exigir al Ministerio de Trabajo que realice sus funciones hacia los sindicatos como a los patronos. Pero, por favor, no confundamos el agua con el aceite.

Denominar poder paralelo al sindicalismo guatemalteco es, para decirlo suavemente, algo sorprendente.

Tomado de www.sigloxxi.com


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