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Belice
Por Claudia Virginia Samayoa - Guatemala, 29 de agosto de 2005
cvsjrh@intelnet.net.gt

La situación de los derechos humanos de los beliceños merece una mayor atención de los guatemaltecos.

Este hermano país dista mucho de ser la democracia imaginada. Los niveles de miedo existentes en torno a la libre expresión de opiniones sobre el Gobierno me dejaron atónita, cuando visité a mis hermanos y hermanas defensoras de derechos humanos.

El recientemente fundado Estado de Belice tiene la fama de haber heredado un sistema político más democrático de su colonizador. En alguna medida, Costa Rica y Belice constituían la excepción durante la década de los ochenta en una región convulsionada por el enfrentamiento armado y las políticas contrainsurgentes. Veinte años después, cuando visité a defensoras y defensores de derechos humanos -entre ellos periodistas- me encontré con un país sumido en la deuda externa, con escándalos de corrupción y con defensores y defensoras que sienten que carecen del más básico derecho humano: la libertad de expresión.

En Belice, si usted critica al Gobierno o a un patrono por cometer injusticias se puede encontrar con una campaña de calumnia realizada a través de la radio -el principal medio de comunicación- por oyentes pagados para llamar y desacreditarla. Es más, si usted es un trabajador que denuncia los abusos y malversaciones de un funcionario público podría encontrarse ante la amenaza de que si habla se queda sin trabajo y, sin lugar a dudas, nunca más podrá conseguir otro. Más grave aún es la situación de los periodistas.

Más de alguno de ustedes, estimados lectores y lectoras, estarán pensando: "Eso no es nada, acá pasa lo mismo y cosas peores". A lo cual yo contestaré que tiene razón, pero la diferencia es que acá si un funcionario público se atreve a amenazarla, inmediatamente acudirá a la PDH y no le podrán bloquear mucho tiempo su trabajo. En Belice eso no es posible, no sirve de nada cambiarse de sector de trabajo o de lugar. El país es pequeño. ¿Recuerdan la frase: pueblo chico, infierno grande?

La libertad de expresión manifestada a través de la posibilidad de emitir una opinión sin recibir venganzas o amenazas por hacerlo es la esencia básica de una democracia. En Belice, este derecho parece estar en franco deterioro. Este puede deberse a los dolores de una democracia incipiente que apenas aprende a establecer como país recientemente independizado.

Sin embargo, si uno observa la situación regional se percata que el problema no sólo ocurre en Belice, está ocurriendo más y más aún en las democracias más antiguas como la de Costa Rica. De repente, la oposición del defensor de derechos humanos es un problema de ingobernabilidad. Las críticas a tal o cual modelo económico o de desarrollo son, ni más ni menos, que una amenaza a la estabilidad. La represión de la oposición, con cualquier medio, se ha convertido en algo deseable.

La situación de los defensores y defensoras de derechos humanos beliceños merece una mayor atención de nosotros los guatemaltecos. Finalmente, alguna vez fuimos.

Fuente: www.sigloxxi.com


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