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Tambores de guerra
Por Claudia Virginia Samayoa - Guatemala, 3 de octubre de 2005
cvsjrh@intelnet.net.gt

La llave del almacén de los tambores de guerra, la andan desempolvando nuestros yerros e indiferencia.

Mi último artículo sobre la desdichada CICIACS motivó un mensaje sin firma y sin conclusión que me anunciaba tambores de guerra. El lector señalaba que debía de dejar de insistir en la CICIACS porque, iniciativas como esa, solo traen como producto la guerra.

Lamentablemente no es la primera vez que escucho o leo a alguien argumentando que tal o cual medida pueden traer la guerra. ¿Entre quiénes sería esta guerra? Se habla insistentemente de la guerra entre ladinos e indígenas, entre áreas rurales y área urbana y de la famosa guerra entre maras. Hay quien dice que volveremos a los 70. ¡Cómo si el pasado se pudiera repetir!

Entre miedos, vaticinios y especulaciones, lo que me preocupa es que efectivamente se oye que la llave del almacén de los tambores de guerra la andan desempolvando nuestros yerros e indiferencia. Se supone que los Acuerdos de Paz, esos que hoy son compromiso de Estado, habían enterrado y embarcado en la nave del olvido a la famosa llave.

Pero las causas de la guerra siguen allí presente. Muchas personas no tienen los medios ni las capacidades para insertarse en la maltrecha economía mundial, mucho menos, en la economía global. Mientras se inauguran megacomplejos comerciales al son de la discusión de los megaproyectos y la competitividad, hay en Guatemala aún finqueros que aprovechando la servidumbre de paso le cobra a los aldeanos, viviendo en las entrañas de las grandes extensiones de tierra, con jornales de trabajo gratuito.

Sí, leyó bien, estimada lectora y lector, las relaciones feudales aún están presentes en fincas de Las Verapaces y de el Quiché. El trabajo forzado no sólo ocurre en Chiapas, ocurre acá también. Encima de todo, estas aldeas se encuentran oprimidas porque los finqueros las tienen en un estado de sitio virtual, al controlar quién entra o no a visitar a los aldeanos. El ignorar esta realidad y que no exista un megaplan para llevar las relaciones laborales del siglo XV al siglo XXI, ¿no será una declaratoria de guerra contra nuestro propio futuro?

Y, ¿qué me dicen de la discusión del salario mínimo? Productividad versus la internacionalmente reconocida canasta básica de consumo e índices de inflación. Vamos de retroceso. Si las luchas del salario mínimo de los 80 y su represión hicieron sonar los tambores de guerra, ¿qué provocará el darle la espalda a las disposiciones internacionales sobre el trabajo ganadas hace un siglo por los trabajadores y trabajadoras?

No. No estoy abogando por la guerra. Estoy preocupada por el cierre de espacios que significan estas y otras situaciones para la mayor parte de guatemaltecos y guatemaltecas. Si el sistema ahoga, es necesario luchar. La pregunta para mí es, ¿seremos capaces de inventarnos nuestra propia revolución no violenta, para transformar esta vorágine de yerros e indiferencia?

Fuente: www.sigloxxi.com


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