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En memoria de los niños y las niñas
Por Claudia Virginia Samayoa - Guatemala, 11 de octubre de 2005
cvsjrh@intelnet.net.gt

En memoria de los niños y niñas muertos trágicamente este año, debemos alzar nuestra voz.

Los niños y las niñas son las inocentes víctimas de la violencia, de la mala planificación y de la ausencia de solidaridad. La Nana impulsa una campaña para visibilizar la situación de la niñez y la juventud en Guatemala. En su monitoreo de medios se encontró con un número elevado de niños y niñas que ha pagado con su vida las acciones o el descuido de, nosotros, los adultos.

Domingo Quim Tiul, de 8 años; Teresa Cu, de 8 años; Brenda Domingo Diul, de 10 años; Reminson Hermelindo Tiul, de 1 año y Ana Karina Curul Tiul, de 11 meses murieron durante el deslave en Senahú en Alta Verapaz. Ellos murieron durmiendo. Su muerte era prevenible. El pueblo de Senahú se encontraba en una zona de alto riesgo. Hoy, muchos padres y madres sufren la pérdida de los niños y niñas que murieron como consecuencia de los deslaves producidos por las lluvias que nos trajo Stan. ¿Cuántas de sus muertes se podían prevenir?

Reyes Baltasar Oliva Rivas, de 4 años, murió atropellado camino a su casa. El conductor se dio a la fuga. ¿Cuántos niños y niñas mueren así todos los días? El descuido de conductores y de adultos a cargo de los niños es la causa de este tipo de tragedia.

Luciano Chet, de 16 años, fue asesinado de dos balazos. Carlos Roberto Ibaté Quisquiná, de 16 años, fue asesinado a balazos mientras trabajaba en su negocio. Jorge Posadas Recinos, de 17 años, fue asesinado junto a sus padres. Los tres adolescentes murieron en el marco de la violencia insana que corroe nuestra sociedad. Venganzas, asaltos o simple odio pudieron ocasionar estas muertes.

Jorge Samuel Tuc Díaz, de 16 años, fue asesinado a tiros mientras buscaba cómo evacuar a su familia tras la explosión del Mariscal Zabala. ¿Quién lo mató? ¿Por qué lo mató? ¿Qué vio? ¿A quién enojo?

Cuando un niño muere queda un profundo vacío en los corazones de sus padres. Cuando un niño muere...muere un pedacito de esperanza. Pero cuando un niño muere por el descuido o la acción de otro, siempre nos quedan muchas preguntas. La pregunta que a mí me agobia es ¿Cuál es mi responsabilidad en esta tragedia?

La semana pasada, mientras oía los relatos de las víctimas de Stan. Mientras escuchaba que a los niños y niñas se los llevaba el agua y el lodo, reflexionaba sobre la forma en que hemos deteriorado nuestro medio ambiente. ¿Son mis comodidades causantes de esta tragedia? ¿No es cierto que hemos modificado afluentes, empujado comunidades a las orillas de los barrancos y deforestado nuestras montañas en nombre del progreso?

En memoria de los niños y niñas que han muerto trágicamente este año, debemos de levantar nuestra voz y hacer los cambios. Contribuir a recuperar el equilibrio ambiental, contribuir con nuestros impuestos para resolver la situación de la vivienda en Guatemala y demandar las reformas a la ley de armas y municiones para restringir su uso y despistolizar nuestra sociedad.

Fuente: www.sigloxxi.com


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