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Defensores y defensoras de Derechos Humanos
Por Claudia Samayoa - Guatemala, 12 de diciembre de 2005

He atendido más de 725 razones para creer en las posibilidades profundas de cambios en Guatemala.

El sábado 10 de diciembre se conmemoró el Día de los Derechos Humanos. La fecha marca el aniversario de la firma en 1948 de la Declaración Internacional de la ONU sobre la materia. Desde 1998, ese día es también uno para conmemorar y celebrar a cientos de miles de hombres y mujeres que dedican su vida a defender la causa de los derechos humanos en todo el mundo.

Este día, quiero sumarme a esa celebración desde lo más profundo de mi corazón. Durante seis años he estado oyendo testimonios de amenazas, ataques y asesinatos de defensores y defensoras. Ojos llorosos, rabia contenida, desesperanza e impotencia son muchas veces los sentimientos que me acompañan en mis noches de desvelo.

Este año tome conciencia que podía ver la realidad desde otra perspectiva. Con el aumento de ataques que hemos experimentado durante el 2005, empecé a darme cuenta que, si ponía más atención a las víctimas, su historia se convertía en una de optimismo y profundas convicciones. De repente creí en lo que la razón me había dicho antes.

A principio de año conocí a la hija de un defensor asesinado. Ella es un ejemplo de años de lucha y de una profunda convicción en la participación ciudadana como medio de cambio de una realidad opresora. Ella, como tantos otros, están haciendo verdad el ideal de los Consejos de Desarrollo con su diario y humilde caminar.

Luego, conocí a unas mujeres ixiles de una valentía sin par. Mujeres que lo han perdido todo: la tranquilidad, el sueño y el trabajo. El destino las hizo asumir las consecuencias de su denuncia por robo que inició una investigación penal, sin precedentes, que determina la existencia de una red criminal dirigida, presuntamente, por el Alcalde de su comunidad. No importando más de una treintena de ataques y unos cuántos procesos penales en su contra, ellas hacen vida el derecho y la obligación de denunciar. Con su paso maya están moviendo al sistema de justicia.

También conocí a un hombre que no se contenta con llevar a buen término su lucha por la memoria y el resarcimiento de las violaciones de derechos humanos del pasado. Él ayuda a todo aquel que lo necesita. Es así como asiste a una comunidad, con problemas en la finca donde viven, contactándolos con el CUC. Esta acción de solidaridad tiene consecuencias inimaginables para él. Luego de la visita desagradable de unos sicarios a su casa y de las acciones intimidatorias del administrador de la finca, con lágrimas en los ojos y la mano empuñada, regresó a su trabajo por la verdad y la justicia sabiendo que había hecho lo correcto extendiendo la mano en un conflicto agrario.

A seis años de que tuve que actuar en el primer caso de agresión a una defensora de derechos humanos, estoy convencida que he atendido, junto con quienes me acompañan, más de 725 razones para seguir creyendo en las posibilidades profundas de cambios de esta mi Guatemala tan rica en liderazgos y convicciones.

Fuente: www.sigloxxi.com.gt


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